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Algarrobo-arbolNo podéis negar que al algarrobo le ha correspondido una palabra de rústicas resonancias. Uno pasea entre mimosas y magnolios, entre nísperos y buganvilias, y cree escuchar en sus nombres floridos una vaga brisa de elegancia. Pero al algarrobo no hay manera de vestirlo de galas para una recepción vegetal. Por muy inspirados que nos sintamos en la generosidad de su sombra, en su resistencia a la sequía, en la dulzura de sus vainas, tarde o temprano se quebrará el embrujo al sonido de su arábigo nombre desgarbado: al-ga-rro-bo.

EL QUILATE COMO UNIDAD DE MASA

Y, sin embargo, esta especie esconde en sus ramas tortuosas un secreto relacionado con la alta joyería. Resulta que la vaina del algarrobo (la algarroba) contiene semillas de gran dureza, resistentes y longevas. Como además son de extraordinaria uniformidad en su peso y tamaño, se usaron en lo antiguo como pesas finas para sustancias ligeras. Imaginaos comprando pimienta pulverizada en un mercado de la antigüedad. El mercader de especias coloca la porción de pimienta en un platillo de la balanza, y va añadiendo en el otro leves e iguales semillas de algarrobo hasta equilibrarlos exactamente. Y vosotros os volvéis a casa satisfechos con la justicia de la compra de aquel oro negro venido de Oriente.

Vaina y semillas del algarrobo-keration-quilate

La palabra griega “keration” se aplicó tanto a la vaina como a las semillas del algarrobo.

Los griegos, grandes aficionados a la metáfora, llamaron por su forma a esta vaina alargada κεράτιον (keration), ‘cuernecillo’. En efecto, keration es diminutivo de κέρας (keras), ‘cuerno’, que da nombre al rinoceronte (etimológicamente, ‘el de la nariz cornuda’) y también a la queratina, la proteína que forma los cuernos de los animales, aparte de sus uñas, pezuñas, plumas, pelos y caparazones varios. A partir de su sentido primitivo de ‘algarroba’, los griegos usaron keration como nombre de cierta unidad de medida, equivalente a 0,189 gr, que se encargaron de difundir por el mundo mediterráneo.

Diamante solitario de dos quilatesY los árabes, grandes aficionados a lo griego, adoptaron la medida y el nombre, que arabizaron como qīrāt (ﻘﻴراط), de donde hemos tomado nosotros el sustantivo castellano quilate. El quilate es, pues, una unidad de masa, que actualmente equivale a 0,2 gramos. Así, un diamante de dos quilates es una señora piedra de unos 8 mm de diámetro, que, sin embargo, no alcanza a pesar ni medio gramo. Ya veis que el quilate nada tiene que ver con el kilo.

EL QUILATE COMO UNIDAD DE PUREZA

Ahora bien, el quilate no es solo la unidad de masa para perlas y piedras preciosas (el llamado quilate-masa o quilate de gemología); también sirve para medir la pureza de una aleación de oro (el llamado quilate-pureza o quilate de orfebrería). Como sabéis, del oro sin alear se dice que tiene 24 quilates; y cuando hablamos de una pieza de oro de 18 quilates, queremos decir que hay en su composición 18 partes de oro y 6 de otros metales. Aquí no importa la masa (el peso), sino solo el porcentaje de oro de la aleación.

Para entender por qué se toma como referencia el número 24, es preciso remontarse al sistema ponderal y monetario de la antigua Roma, que, por ser duodecimal, contiene numerosas equivalencias de razón 24. Veamos la historia con cierto detalle. La libra romana (327,45 gr) se dividía en 12 onzas (uncia); cada onza, en 2 medias onzas (semuncia); cada media onza, en 12 escrúpulos (scripulum o scrupulum); y cada escrúpulo, en 6 sílicuas (siliqua). A principios del siglo IV d.C., el emperador Constantino I el Grande introdujo una reforma monetaria para estabilizar la maltrecha economía romana, que arrastraba una larga crisis. Como núcleo de su reforma, sustituyó el viejo áureo romano de tiempos de Augusto por una nueva moneda: el sólido de oro (solidus aureus), de unos 4,54 gr, que tuvo enorme difusión y mantuvo su peso, dimensiones y pureza esencialmente invariables hasta el siglo X. El sólido pesaba exactamente 1/72 de libra, por lo que equivalía a 24 sílicuas. Y es esta última proporción la que aquí nos interesa.

Solidus aureus de Constantino

“Solidus aureus” emitido por Constantino I el Grande.

La sílicua, a diferencia de la onza y la libra, existía en Roma solo desde la época imperial, cuando fue tomada del sistema ponderal griego. Pero los griegos no la llamaban siliqua, sino… ¡keration! En efecto, la voz latina siliqua, que significa genéricamente ‘vaina’, se aplicaba en sentido concreto a la del algarrobo, la más famosa de todas porque en ella la parte comestible es precisamente la vaina y no las semillas. En el relato evangélico del Hijo Pródigo, por ejemplo, cuando se afirma que «le entraban ganas de saciarse con las algarrobas que comían los cerdos», el texto de la Vulgata dice «de siliquis» allí donde el original griego de San Lucas dice «ἐκ τῶν κερατίων» (ek ton keratíon). Siliqua es, pues, la traducción latina del griego keration, y es por tanto, como unidad de medida, el equivalente de lo que luego sería el quilate árabe.

Vainas del algarrobo-keration-quilate

La característica forma de cuerno de las algarrobas justifica su nombre griego “keration”.

A pesar de que el sólido áureo fue una moneda estable y de confianza, lo cierto es que no siempre contuvo las 24 sílicuas o quilates de oro previstos, bien por ser más ligero, bien por ser menos puro. En los siglos VI y VII se acuñaron ocasionalmente ejemplares más ligeros, de 20, 22 y 23 quilates de peso. Además, las imperfectas técnicas de refinamiento del oro daban lugar a piezas que, aun presentando el peso regular, tenían una pureza inferior al 100%. Por último, a lo largo del siglo XI el solidus sufrió una devaluación progresiva en el Imperio romano (de Oriente, se entiende), que culminó con su desaparición: primero se emitieron monedas con una pureza próxima al 90%, pero a finales de aquel siglo apenas la mitad del metal de la moneda era oro.

Histamenon nomisma-Constantino X-concavo

Sólido (llamado en griego “Histámenon nómisma”) acuñado bajo el emperador bizantino Constantino X con molde cóncavo.

Para determinar el valor real de una moneda impura, era precisa una unidad objetiva de pureza, y esta se dedujo intuitivamente a partir del quilate-masa: se trataba de saber cuántos de los 24 quilates que pesaba la pieza eran de oro puro. Por ejemplo, el emperador bizantino Constantino X (1059-67) emitió sólidos con solo tres cuartas partes de oro, es decir, con 18 quilates de oro y 6 de otros metales. Su pureza era, pues, de 18 quilates (sobre 24).

Y así es como la moderna orfebrería sigue midiendo el peso de las joyas y la pureza de las aleaciones basándose en la discreta uniformidad de las semillas del exacto algarrobo, aunque ya esta relación haya quedado poco menos que olvidada. Por cierto, ¿sabéis cuál es el nombre científico de este árbol? Ceratonia siliqua. Ah, y de la palabra solidus hemos tomado nuestro sueldo, pero esa es ya otra historia, que tendré que contaros otro día.

Profesor LÍLEMUS

[Para Gonzalo, que anda descubriendo su afición a la etimología]

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