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Alguna vez, saboreando una macedonia de frutas, os habréis preguntado cuándo se puso a esta deliciosa receta su bello y sonoro nombre. ¿Tiene algo que ver con el antiguo reino (y actual república) de Macedonia?

Alejandro Magno de Macedonia.

Alejandro Magno de Macedonia.

Aunque no sabemos a quién se le ocurrió por vez primera este término, es seguro que se inspiró en el Imperio macedonio de Alejandro Magno (356-323 a. C.). Este jovencísimo rey, que con veinte años heredó Macedonia de su padre, Filipo II, se lanzó a una carrera de conquistas que le llevó a crear un imperio de enorme extensión geográfica. Los dominios de Alejandro incluían toda Grecia, Egipto, Asia Menor, el Levante, Mesopotamia, Persia, Asia Central y una parte de la India, y en ellos convivía un sinnúmero de razas, culturas, lenguas y religiones.

El esplendor del Imperio macedonio.

El esplendor del Imperio macedonio.

Choderlos de Laclos-Les liaisons dangereusesY fue precisamente esta idea de heterogeneidad la que llevó a los franceses del siglo XVIII a dar el nombre macédoine (con la minúscula propia de un nombre que ya ha dejado de ser propio) a varios objetos, caracterizados todos ellos por la diversidad y mezcla de sus componentes. En un episodio de “Las amistades peligrosas” (1782), de Pierre Choderlos de Laclos, los personajes deciden jugar une courte macédoine, o sea, una versión corta de la macedonia, entretenimiento consistente en un conjunto de juegos de cartas entre los que cada jugador elegía uno cada vez que le tocaba ser mano. Y una macédoine littéraire (macedonia literaria) era una combinación de piezas de diversos géneros literarios publicadas en un mismo libro.

A partir del siglo siguiente el término macédoine se generalizaría para calificar cualquier conjunto de elementos diversos y carentes de unidad, como hace Balzac en “Les petits bourgeois” (1855) al describir la sociedad francesa de tiempos del Segundo Imperio como una macedonia. También Paul Claudel habla en “Un poète regarde la croix” (1938) de cierta casa de pensión como “una macedonia cosmopolita tan variada como Jersusalén en el momento de Pentecostés”.

Macedonia de verdurasPero la primera aparición documentada de la palabra es anterior a todas estas, y pertenece a la gastronomía. En 1740 se publicó en Amsterdam, con dedicatoria a Luis Augusto de Borbón, un importante libro de cocina (“Le cuisinier gascon”), que he podido consultar y donde he encontrado cierta receta de un plato de verdura. Sus ingredientes son guisantes, habas, vainas y zanahorias, cocinadas con mantequilla y servidas con una salsa, y su autor anónimo la bautiza macédoine à la Paysanne. Esta es la primera documentación de la palabra macédoine, y se refiere como veis a un preparado de verduras. El sentido de ‘ensalada de frutas cortadas en trozos pequeños’ es posterior en francés, y es el único que ha pasado al español macedonia. En la Francia de hoy se conservan ambos, pero, según me aclara mi amigo Erik Bissière, la macédoine (así, sin apellido) sigue siendo la de verduras (eso que nosotros llamamos menestra), mientras que la de fruta necesita en general el nombre completo (macédoine de fruits o mejor incluso salade de fruits) para evitar confusiones.

Macedonia de frutas

En cuanto al sentido de ‘mezcla heterogénea de cosas o personas’, el español ha preferido otras metáforas diferentes: mosaico, ensalada, cóctel, popurrí. Esta última, que antes solía aplicarse a una composición musical hecha con fragmentos o temas de obras diversas (eso que ahora se llama un mix o medley), procede también del francés y del mundo de la cocina. Resulta que los franceses calcaron como pot-pourri (‘olla podrida’) el nombre de una receta procedente de España: precisamente la olla podrida, que es la que, además de la carne, tocino y legumbres, tiene en abundancia jamón, aves, embutidos y otras cosas suculentas. Este sentido culinario de pot-pourri está ya prácticamente perdido en la lengua de nuestros vecinos, donde en cambio se usa mucho (más incluso que la propia macédoine, que no deja de ser un término culto) con el sentido de ‘mezcla heterogénea’. Este viaje de ida y vuelta de la olla podrida constituye un caso verdaderamente peculiar de préstamo lingüístico, con el que me despido de vosotros hasta la semana próxima.

Por cierto, para los amigos de la lengua francesa y la cocina dejo a continuación la imagen que he compuesto con la receta original de 1740 de la macédoine à la Paysanne, por si en un momento dado os da por comer como reyes de antes de la Revolución.

Profesor LÍLEMUS

Le cuisinier gascon-Macedoine a la Paysanne

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