El español medio, cuando visita Chile, suele llegar bien instruido por ese amigo viajado que todos tenemos: “No se te ocurra decir coger, ni te refieras a una hora como las cuatro y pico, que allí son palabras muy feas”. Una vez en Santiago, nuestro español se traslada al centro en la micro, o sea en autobús, que siguiendo el consejo ha recordado tomar, en lugar de coger. Y ya pasea feliz en plena calle Compañía, cuando un rótulo gigante de a dos metros la letra le da esta bofetada: POLLA CHILENA DE BENEFICENCIA. La cosa le coge (perdón, le agarra) desprevenido: que pueda haber una polla nacional y benéfica es para dejar a cualquier visitante jadeando del susto. Raramente el viajado amigo nos habrá preparado para algo así. ¿A qué viene esta indecente exhibición de orgullo patrio? ¿Cómo puede existir tal confusión de lo público, no ya con lo privado, sino con lo más personal y reservado? ¿Qué clase de penurias se remedian aquí? Y ya, puestos, ¿con qué puede encontrarse uno si en un arranque le da por entrar?

POLLA CHILENA DE BENEFICENCIA

La sede de la benéfica institución, en el 1085 de la calle Compañía de Jesús. Asombra la imponente vertical de su rótulo.

Con frecuencia el visitante conoce un lugareño que le saca de su asombro:

-Nuestra polla es entre ustedes la lotería.

Así que era eso: la empresa estatal que en Chile se encarga de los juegos de azar, homóloga de nuestras Loterías y Apuestas del Estado.

-Pues me alivia mucho saberlo -agradece el visitante-, porque nuestra polla es entre ustedes el pico.

Pero si el asombro inicial se había vuelto alivio, pronto el alivio se vuelve carcajada al cruzarse aquí y allá con los eslóganes de la benéfica institución, que no en vano destina el 5% de las ventas a obras sociales. Uno reza (por decir algo): HÁGASE MILLONARIO CON LA POLLA. Vaya modo sacrificado de enriquecerse, piensa ya con malicia el visitante. Otro le propone un ambicioso reto de fidelidad: RESERVE SU NÚMERO DE POLLA PARA TODA LA VIDA. Más allá un tercero le recuerda la variedad de lúdicas posibilidades: VUELVE LA POLLA DE DOS TERMINACIONES. Y ahí, que conste, el visitante tiene que dar el callo sujetando la imaginación.

En efecto, la polla es en gran parte de Hispanoamérica cualquier apuesta en que se juega dinero, como una lotería o una quiniela. Y los premios de una lotería pueden ganarse (“Me gané la polla: soy rico”), pero, por una malvada casualidad semántica, ellos prefieren el verbo… sacarse. Imagináoslo: SÁQUESE LA POLLA Y HÁGASE RICO. Unos amigos míos, que habían recibido en su casa a unos chilenos, los estaban despidiendo en la Estación del Norte, en Bilbao, con un amable “¡A ver cuándo volvéis!”. Y los chilenos, asomados a la ventanilla del vagón, en tono suficiente para salvar la distancia al andén: “¡Con lo caro que está todo! ¡Como no nos saquemos la polla…!”. Más de un viajero debió de girarse sorprendido, pensando que la cosa no sería para tanto.

SAQUESE LA POLLA Y HAGASE RICO

Pero los azares semánticos no se detienen ahí. Al decir que la polla consiste en una apuesta, he omitido que el término se usa especialmente en las carreras de caballos, por lo que a menudo acaba nombrando la propia carrera. Y de todos es sabido que las carreras… se corren. Así que la frase “Enciende el televisor, Elvira, que está a punto de correrse la Polla y no me la quiero perder” sería natural, pongamos, entre dos ancianitas aficionadas al tema. Al tema hípico, quiero decir.

En Argentina, en el hipódromo de Las Flores, de Santa Fe, se disputa todos los años una prueba de 500 metros para potros debutantes menores de dos. Los futuros corceles ganadores tienen ocasión de impresionar al mundillo hípico en un vertiginoso medio minuto que -curiosamente, según entiende el visitante- nada tiene que ver con el nombre del evento: GRAN POLLA DE PRECOCES. En su reglamento, uno de los artículos establece la pauta de actuación si la lista de inscritos es muy numerosa: “El día de la confirmación y teniendo en cuenta la cantidad de ratificados, la Comisión de Carreras tendrá la potestad de desdoblar dicha Polla, quedando a su criterio la forma”. Todo un detalle por su parte, reconoce el visitante, que la cosa se haga con criterio y no se empeñen en meterla doblada.

Gran Polla de Precoces

Os estaréis preguntando si puede haber más. Sí, siempre puede. Y es que hay carreras y carreras. E igual que en España existe la Copa del Rey, hay en Chile una prueba patrocinada por el Presidente de la República, cuyo vistoso nombre deja claro que los poderes presidenciales no son cosa de poca monta. Alguien que abra el periódico el día de la carrera (así le pasó a mi hermana, que vivió unos años en Santiago) podrá darse de morros con este impactante titular: HOY SE CORRE EL GRAN POLLÓN DEL PRESIDENTE.

POLLA Y POLLON CABALLOS

El lugar estará abarrotado, calcula el visitante. Y es natural: en un país donde la Polla es asunto de Estado, el pueblo tiene derecho a esperar que el primer hombre público esté a la altura de sus deberes. Vamos, que sepa dar la talla.

Profesor LÍLEMUS

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