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Cuando en las próximas semanas el torneo de Wimbledon salte a la actualidad deportiva, seguro que oís mencionar en alguna retransmisión a los primeros finalistas españoles: Lili Álvarez, que perdió la final femenina de 1926, y Manolo Santana, que ganó la masculina del 66.

Hoy quiero recordar un episodio anterior, que en general desconocen los periodistas deportivos: en 1921 el tenista donostiarra Manuel Alonso Aréyzaga fue “casifinalista” en Londres. Y digo “casifinalista” porque en aquellos tiempos el torneo consistía en una competición de candidatos (en inglés, all-comers tournament), cuyo vencedor se enfrentaba en calidad de aspirante (challenger) al campeón del año anterior, quien solo jugaba este último partido (la challenge round o ronda de desafío). Y Manuel Alonso tuvo prácticamente ganada la final de aquel all-comers tournament, que acabó perdiendo, según opinión de la prensa de entonces, por un gesto extraordinario de deportividad. Es cierto que aquel partido no era propiamente la final, pero tampoco era una simple semifinal en el sentido moderno de la palabra, a pesar de lo cual el episodio ha caído en el olvido.

Manuel Alonso AreyzagaEste joven de San Sebastián fue el primer tenista español de talla internacional: estuvo siete años en el Top Ten del ranking mundial, cuyo quinto puesto alcanzó en 1927 (por detrás de cuatro gigantes: René Lacoste, Bill Tilden, Henri Cochet y Jean Borotra), en el 77 ingresó en el Salón de la Fama del Tenis Internacional (donde más tarde entraron también Santana, Arantxa, Gimeno y Orantes) y todavía lleva su nombre el Campeonato de España Infantil de este deporte. Pero en mi casa a Manuel Alonso le llamamos “el tío Manolo”, porque era primo carnal doble de mi abuelo paterno, Juan Alonso Aréyzaga. Así que una parte de esta historia la conozco por tradición familiar.

Empecemos, sin embargo, por la historia oficial. La edición de Wimbledon del año 21 fue la última que se jugó según la modalidad challenge round y también la última disputada en la sede original del All England Club en Worple Road. A partir de 1922, coincidiendo con el cambio a la actual sede de Church Road, los campeones vigentes se verían obligados a jugar el torneo desde las primeras rondas, como un jugador cualquiera. El estreno de Alonso en el torneo no pudo ser mejor: derrotó sin ceder un solo set a los británicos Askham, Davin, Stoker y al sudafricano Sherwell; en cuartos venció al inglés Algernon Kingscote (por cierto, hijo de la famosa novelista que firmaba Lucas Cleeve) en cuatro sets, y necesitó cinco para deshacerse en semifinales del japonés Zenzo Shimizu. Su juego en esos seis partidos fue brillante y cautivó al público londinense como pocos jugadores habían logrado antes. En casa se cuenta que la publicidad del torneo en los tranvías de Londres usaba su nombre como reclamo (“Today Alonso plays at Wimbledon”), detalle que no he podido confirmar.

Brian Norton 1920En la final del all-comers, disputada el 30 de junio, se enfrentaba al jovencísimo tenista sudafricano Brian “Babe” Norton, pero aquel día su suerte se torció por un infortunio. La intensidad de los partidos anteriores le había causado ampollas en la mano, que se le fueron abriendo durante aquella final. Y, aunque al decir de la prensa la calidad de su juego se resintió, logró con cierta comodidad los dos primeros sets por 7-5 y 6-4. El tercero llevaba el mismo camino y, aunque las fuentes que he manejado difieren en el detalle del marcador, una de ellas (el The Straits Times, un periódico de Singapur) afirma que, con 5-2 a su favor y el servicio de Norton en peligro (0-30), una parte del público empezó a abandonar sus asientos para tomar el té, dando por hecha la victoria del español.

Y entonces, cuando ya tocaba con los dedos la challenge round contra el norteamericano Bill Tilden, vigente campeón, su mano derecha no pudo más. El árbitro se interesó por su estado y le ofreció la posibilidad de detener el partido para que le fuera curada la llaga. Pero en ese momento el tío Manolo, en un gesto deportivo que hoy resultaría poco probable, hizo -según suele comentar con orgullo mi padre- “lo que hace un Alonso”: declinó la oferta, alegando que aquello no era motivo suficiente para retrasar el normal desarrollo del juego. El juego, pues, continuó y Norton pudo remontar con un 5-7 aquel set que tenía prácticamente perdido. Considerando las dudosas lesiones que sobrevienen a tipos como Djokovic en momentos de apuro, uno agradece gestos de despreocupación y generosidad como aquel.

Wimbledon 1922

A partir de ahí, la mano llagada dejó al donostiarra en clara inferioridad física, y no pudo evitar que se le fueran los dos sets siguientes por un doble 3-6. Y así, con aquella elegancia espontánea, el tío Manolo se quedó fuera del palmarés de las finales de Wimbledon y, por tanto, de ser recordado cada año por los periodistas españoles que cubren el torneo.

En la edición del día siguiente (1 de julio de 1921) el cronista del New York Times no dudó en achacar a la ampolla la derrota del español: “Unwillingness to have a blister on his hand plastered during the match, because it would delay the play, is regarded in tennis circles as responsible for the defeat of Alonso by Norton. Experts expressed the opinion that the better man lost. Aquella crónica, que relataba también otros partidos, la encontré hace años en Internet, y ahora la he photoshopeado, reducido y compuesto para que os resulte cómoda de leer. Observad que el periodista se refiere al partido Alonso-Norton con la palabra “final”.

ALONSO vs NORTON Wimbledon 1921

ALONSO Y TILDEN

Bill TildenAquella final que estuvo a punto de ser, la habría disputado Alonso contra el norteamericano Bill Tilden, uno de los jugadores más grandes de todos los tiempos. Tilden dominó el tenis mundial en la década de los años veinte, manteniendo el número 1 del ranking entre 1920 y 1926. En su haber tiene cuatro títulos en Wimbledon (3 individuales, 1 dobles), catorce en el U.S. Open (7 individuales, 3 dobles, 4 dobles mixtos) y siete campeonatos de la Copa Davis.

Alonso, en cambio, llegó a Wimbledon en el 21 casi como un desconocido para el público. Tras ganar el campeonato español absoluto en 1915 (venciendo a su hermano mayor José María, campeón en el año 12), 1919 y 1920, había dado el salto a la escena internacional con su participación en la olimpiada de Amberes, donde llegó a cuartos de final. En mayo del 21, un mes antes del comienzo de Wimbledon, logró el único punto español en el 4-1 ante Gran Bretaña que supuso el debut de nuestro país en la Copa Davis. Su compañero de raqueta fue el Conde de Gomar.

The-Art-of-Lawn-Tennis-by-Bill-TildenAquel Wimbledon confirmó su condición de gran promesa europea contra el aplastante dominio norteamericano en torneos y Copa Davis. Un año más tarde, en su libro “The Art of Lawn Tennis”, el propio Tilden le dedica un elogioso capítulo donde alaba su talento natural para el tenis (“seldom have I seen such wonderful natural abilities”) y destaca en él, junto a errores a veces incomprensibles, sus grandes virtudes: una gran variedad de golpes, en especial la derecha terrorífica, el revés sobrio pero eficaz, el smash fuerte y certero, así como su increíble juego de piernas, capaz de una velocidad y unos giros inesperados que Tilden asegura no haber visto nunca en una cancha de tenis. También elogia su servicio, una versión muy rápida de la modalidad “American twist”, cuyo dominio siempre ha sido seña de identidad de los grandes tenistas.

Sin embargo, aquel talento natural nunca llegó a materializarse en un triunfo sonado. Eran los años del amateurismo, y el tenis no era desde luego su principal dedicación. No solo porque practicaba otros deportes (el esquí, el remo, incluso el hockey, donde fue tres veces campeón de liga con el Atlético de Madrid), sino sobre todo porque sus planes profesionales era otros: precisamente en 1921 se graduó en la Escuela de Ingenieros de Caminos de Madrid, y al año siguiente se mudó a los Estados Unidos, donde desarrolló su vida profesional.

Según me cuenta desde California su sobrino José “Pete” Alonso, la oferta de trabajo la recibió tras un partido de Copa Davis en Filadelfia. España y Australia se jugaban allí la Final Interzonas de 1922, de la que había de salir el equipo aspirante contra los estadounidenses Bill Tilden -otra vez- y Bill Johnston (apodados “the two Bills”), vigentes campeones. El equipo estaba integrado por el Conde de Gomar y Manuel Alonso (apodados a su vez “los dos Manolos”) y capitaneado por su hermano José María Alonso Aréyzaga (“el tío Pepe”, en la familia), con quien Manolo formó pareja habitual de dobles en torneos, olimpiadas y Copa Davis. El único punto de España en aquella final lo logró Manuel el primer día de competición, contra Pat O’Hara-Wood. El español perdía por 2 sets a 1 (2-6, 3-6, 6-2) y en el cuarto llevaba una desventaja de 5-2 y 40-0. Aquel parecía ser el punto decisivo de un partido sin historia, cuando sucedió algo inesperado que lo cambió todo: en su primer match ball, O’Hara-Wood logró colarle un fantástico ace, pero el juez de línea cantó falta de pie, y aquello descentró al australiano, que cometió doble falta. Viendo un resquicio en aquel encuentro que tenía perdido, Alonso se rehízo mentalmente, empezó a jugar maravillosamente y remontó el set con 8-6, arrollando luego en el quinto por 6-1. Entre los espectadores reunidos en el Germantown Cricket Club de Filadelfia, se encontraba el famoso empresario industrial James W. Fuller III, más conocido como “Colonel Fuller”. Al ver aquella capacidad de superación y saber que los hermanos Alonso eran ingenieros, comentó: “¡Ese espíritu lo quiero yo para mi empresa!”, y les ofreció empleo inmediato en la Fuller Company, que ellos aceptaron. Manolo trabajó en ella un solo año, antes de fichar por la American Locomotive Company (ALCO), una de cuyas vicepresidencias ocupó a partir de 1950. En cuanto a Pepe, siguió trabajando otros cuarenta años para la Fuller. Aquellos eran tiempos de fidelidad laboral.

Locomotora ALCO de 1923

Locomotora ALCO del año 1923.

En su etapa norteamericana Manuel Alonso siguió practicando el tenis y entró en el ranking de aquel país, alcanzando el segundo puesto en 1926. También tuvo ocasión de verse las caras con Tilden en partidos de alto nivel. Entre 1923 y 1927 se enfrentaron en nada menos que quince finales de distintos campeonatos a lo largo del país. Todas las victorias fueron para Tilden, excepto la de Chicago en el 23 y la de Buffalo en el 24. En Hartford ganaron juntos la final de dobles. De su mutua amistad da fe la siguiente fotografía, tomada en Los Angeles en el verano de 1923 durante un partido informal con actores de Hollywood, entre los que se encuentra Charles Chaplin.

Charles Chaplin, Bill Tilden, Douglas Fairbanks, Mary Pickford, Manuel Alonso y un desconocido. Los actores Chaplin, Fairbanks y Pickford habían fundado cuatro años antes la United Artists.

Charles Chaplin, Bill Tilden, Douglas Fairbanks, Mary Pickford, Manuel Alonso y un desconocido. Los actores Chaplin, Fairbanks y Pickford habían fundado cuatro años antes la United Artists.

Como se ve, Bill Tilden, número 1 mundial en aquellos años, fue siempre un rival superior. Pero si se me permite volver al principio e imaginar una supuesta final de Wimbledon entre ambos, yo me arriesgo a aventurar que el americano habría sido asequible. En general, el sistema de challenge round (el campeón vigente solo juega la final) permitía a este llegar descansado pero también le privaba del necesario ritmo de competición. En este caso, además, una semana antes del comienzo del torneo Tilden había sido intervenido de unos abscesos de pus en el pie y no fue dado de alta hasta el 28 de junio. Cuando le tocó defender el título frente a Norton el 2 de julio, ni su momento de forma ni su mentalidad eran los mejores. De hecho, en aquella challenge round el sudafricano, a quien Alonso había tenido contra las cuerdas, tuvo a su vez contra las cuerdas a Tilden y le ganó los dos primeros sets. Pero el norteamericano logró sacar a flote su mejor juego y, aunque tuvo que defender dos match balls en el quinto, terminó haciéndose con el partido y el título. Uno se pregunta hasta dónde habría podido llegar Manuel Alonso si no hubiera sido por la fatídica ampolla.

ECHANDO CUENTAS

Cuando pienso que el tío Manolo nunca se lamentó de la oportunidad perdida, tengo que hacer un esfuerzo por ponerme en su lugar. En los casi cien años transcurridos el profesionalismo ha cambiado profundamente nuestra visión del deporte, y ante gestos como el suyo parecemos turistas perplejos que miran los murales jeroglíficos de los templos egipcios. ¡Qué bellos son… y qué incomprensibles!

En aquellos orígenes del deporte moderno, Inglaterra estaba entregando a la civilización una de sus mejores herencias: el fair play, esa secreta combinación de lucha y amistad. Para aquellos primeros deportistas la victoria era mucho más que un resultado favorable: era un modo elegante de estar en la cancha, de lograr ese resultado con medios proporcionados, de admirar al rival y tratarle con la consiguiente caballerosidad, de vencerse a uno mismo con honor. Y cuando esto sucedía, ambos rivales podían mirarse mutuamente con la victoria en los ojos; solo uno había “ganado”, pero los dos habían “vencido”, porque el deporte no es otra cosa que el viejo instinto de la lucha transformado en nuevo afán de superación. De ahí la famosa frase: “Lo importante no es ganar: lo importante es participar”, que hoy se ha quedado en un medio socorrido de consolar a niños derrotados, pero que los adultos -y hasta los profesionales- se aplican a sí mismos con racanería. Ver niños con poses de profesional en el deporte escolar, y profesionales con actitudes de niñato en la alta competición, puede ser una experiencia muy frustrante en este sentido.

Manuel Alonso Areyzaga-4Recordando estos días al tío Manolo, he llegado a la conclusión de que en aquella tarde londinense, con victoria o sin ella, él no creía haber perdido absolutamente nada; de que el pensar en sí mismo, habiendo delante un rival motivado y un público expectante, simplemente no entraba en consideración para un hombre que supo destacar por su elegancia deportiva incluso en un mundo donde la elegancia era la norma. Y estoy seguro de que, cuando se acercó a la red a felicitar a Norton tras el último punto, ambos se miraron como vencedores, sonrieron como vencedores y comentaron el partido como vencedores. Las cifras del marcador (5-7, 4-6, 7-5, 6-3, 6-3) se empequeñecían tras ellos, al fondo, como una simple anécdota.

En el libro antes citado, Bill Tilden dice de él que era “attractive in personality and court manners”. Es cierto que esos mismos buenos modales le privaron de jugar la final; pero también lo es que, dentro de su atractiva personalidad, la sonrisa permanente -emblema de su actitud ante la vida- ocupaba tanto espacio, que no dejaba lugar a las lamentaciones. La deportividad, cuando se lleva en las venas, fluye con naturalidad: a golpes de corazón.

ÁLVARO ALONSO ROTAECHE

[Para mi amigo Juan Vázquez, que de pequeño jugó varias eliminatorias del Campeonato de España Infantil Manuel Alonso. Y para mi alumno Borja Pérez Allica, que además se ha embarcado en la aventura del tenis universitario norteamericano, en el que le deseo la mayor fortuna.]

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