Acabo de saber que el Ayuntamiento de Barcelona ha empezado a llamar donanatge al homenaje que se tributa a una mujer. La palabra, formada sobre dona, ‘mujer’, viene a corregir el hecho de que en catalán homenatge tiene como raíz home, ‘hombre’, y por lo tanto su uso indiscriminado para reconocimientos públicos a hombres y mujeres sería discriminatorio.

Flora-Tristan-Hommage-aux-femmes

Me lo ha contado Óscar, un alumno, con gesto escandalizado y risa contenida. Asegura haber leído que además piensan traducir donanatge por mujeraje. Yo solo espero que aún estemos a tiempo de inventar algo menos burdo (mulieraje o feminaje o lo que sea) porque mujeraje parece el nombre de algún acto violento cometido contra mujeres. Desconozco si el donanatge suena tan mal en la lengua de Ramon Llull como malsuena el mujeraje en la de Cervantes, pero me puedo hacer una idea leyendo el artículo correspondiente de Rudolf Ortega en El País. Pide Ortega en puro catalán que se encuentren al problema de la discriminación soluciones lingüísticas “que no destrossin l’idioma ni facin vergonya aliena”. Más claro, cava del Penedés.

Yo también siento vergüenza ajena cuando veo el ridículo de estos engendros nacidos de la política, en parte por la ignorancia que los sostiene. Es cierto que homenatge se formó en la Edad Media sobre home, pero este no era el hombre que lo recibía, sino el que lo daba. Y además no se trataba de hombre en el sentido de ‘varón’, sino de ‘vasallo’, que compartió con el antiguo homne castellano en homenaje, el homme francés en hommage o el uomo italiano en omaggio). Y es que todas estas palabras significaron el juramento solemne de fidelidad hecho por un vasallo a su rey o señor (o a su reina o señora, cuando las hubo).

castillo de penafiel-torre del homenaje
El castillo de Peñafiel (Valladolid) con su torre del homenaje en el centro. En torres como esta prestaban juramento los alcaides y se comprometían a defender la fortaleza para el rey o el señor.

Pero hay algo más. Estas obras de ingeniería verbal (y social) nunca parecen justificarse por necesidades expresivas reales, sino por motivos de propaganda ideológica y permanencia en el poder. Hemos llenado las instituciones con departamentos, comisiones e institutos que no responden a necesidades reales, y por lo mismo deben justificar su existencia con una constante charlatanería de informes y propuestas.

Naturalmente, estos organismos muestran auténtica perspicacia a la hora de detectar necesidades y problemas invisibles para el común de los mortales, como sucede ahora con el mujeraje. ¿De verdad era preciso distinguir (en latín, discriminare, mira por dónde) unos y otros homenajes con palabras diferentes? Sinceramente me cuesta creer que haya entre las españolas sentimientos de discriminación por haber sido homenajeadas en sentidos homenajes. Y esto incluye a las catalanas, por mucho que en su lengua la relación etimológica de homenatge y home sea más evidente. En realidad parece como si el partido de turno quisiera crear y extender una necesidad social que luego él mismo se ofrecerá a remediar con su corte de parásitos.

Guerra de sexos

Ahora bien, una vez creadas y alimentadas, las necesidades se reproducen como ratas. En un mundo ya hecho a homenajes y mujerajes, algún alcalde iluminado caerá en la cuenta de que falta una palabra para nombrar los homenajes mixtos a hombres y mujeres. Ciudadanas mujerajeadas en actos que incluyan ciudadanos homenajeados podrían sentirse invisibles bajo los focos. ¿Quizá justifique entonces su sueldo el iluminado con la creación, sobre persona, de la ya existente palabra personaje? No descartemos nada de los personajillos a quienes hemos entregado como fieles vasallos la llave de nuestras ciudades. Ya me estoy imaginando al tío (o la tía) en plena entrega de premios: “Que suban al estrado los homenajeados y las mujerajeadas para ser personajeados y personajeadas por este consistorio”.

Yo desde luego no subo. ¡A saber qué te hacen!

Profesor LÍLEMUS

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