Los nombres de los elementos químicos suelen esconder sorpresas. En entradas anteriores ya hemos hablado del cobalto (y su relación con… ¡los duendes!) o el tantalio, y hoy quisiera aclarar la etimología de cobre. Al cobre se le llama así porque en la Antigüedad se extraía en abundancia de la isla de Chipre. Se trata, pues, de una de esas metonimias que consisten en nombrar un objeto por el lugar de donde procede (como el rioja, el jerez, los damascos, el chantilly).

Chipre

Los romanos poseían un término de significado no demasiado preciso: aes, con el que nombraban genéricamente el metal, o el mineral del que este se extrae, o en ocasiones algún metal preciso, como el cobre y sus aleaciones con el zinc (el latón) o con el estaño (el bronce). También les servía para designar ciertos objetos hechos de estas materias (otra metonimia), muy especialmente el dinero. A fin de remediar la ambigüedad, cuando querían referirse inequívocamente al cobre, añadían el adjetivo Cyprius (‘de Chipre’), por la importancia que los yacimientos cupríferos de esta isla tuvieron en el mundo mediterráneo. Su nombre quedó, pues, como aes Cyprium (‘el metal chipriota’). De ahí viene la palabra latina cuprum, y de esta nuestro cobre y los cultismos químicos cuproso y cúprico. No olvidemos que la ce latina se pronunciaba siempre como /k/, y la i griega a veces como /u/.

 

Venus de Sandro Botticelli

En la Antigüedad, la protectora mitológica del cobre fue la diosa Afrodita o Venus. Se cuenta que, recién nacida de las aguas del mar, la llevaron los Céfiros precisamente a la costa de Chipre, donde fue acogida por las Estaciones (las Horas), escena pintada en el famoso cuadro de Botticelli que tal vez hayáis visto en la Galleria degli Uffizi, de Florencia. Las Horas la vistieron y la condujeron a la morada de los dioses, y la isla quedó por ello consagrada a la diosa, uno de cuyos sobrenombres es Cypria, ‘la chipriota’.

Venus del espejo-Velazquez

También se cuenta que, al sentirse mirada y admirada, quiso saber el motivo y pidió algún objeto en que verse reflejada. Le dieron una lámina de cobre, y tanto le satisfizo la visión de sí misma que le proporcionó el metal, que se hizo con él un espejo. De hecho, los romanos solían fabricar estos objetos de metal pulido (sobre todo cobre y bronce) y los asociaban con la diosa. Alguno de vosotros habrá recordado ya la Venus del espejo pintada por Velázquez, que de mitología sabía un rato.

¿Algo más? Sí. El espejo de Venus es el motivo que inspiró el símbolo de lo femenino en botánica y zoología (♀), del mismo modo que el escudo y la lanza de su amante, el dios Marte, inspiraron el masculino (♂). Lo clásico sigue escondido en los rincones más insospechados.

Profesor LÍLEMUS

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