Etiquetas

,

A principios de este otoño que termina asistí a la presentación del libro “Sombra de luna”, del poeta bilbaíno Andoni Mendía. La obra, publicada por Editorial Seleer, la podéis encontrar a través de este enlace a La Casa del Libro. Ahora que se acercan días de tiempo libre, me gustaría incitaros a buscar la compañía de un buen libro.

sombra-de-luna-andoni-mendiaSe me hace raro hablar de él como poeta, porque hasta hace no demasiado era para mí simplemente Andoni, un adolescente distinto (o sea, distinguido, extraordinario, irrepetible) que me encontraba a diario en el aula. Pero lo cierto es que el chico se ha ganado el título de poeta. Ser poeta no es algo demasiado difícil, siempre que uno esté dispuesto a dejar la orilla de las evidencias y las comodidades para meterse en un mar misterioso de inciertos destinos: el arte de la palabra. Y digo “el arte de la palabra” porque no todo en esta obra es poesía convencional; hay veinte páginas de eso que suele llamarse prosa poética o poemas en prosa. Cito, por su brevedad y porque me da la gana, el titulado “Las vías”:

Pasa el tren melancólico. Siempre pasa. Y pita avisando que pasa. Pita y nadie responde. Ni siquiera la lluvia, la gran conversadora. Pita y pasa. Siempre solo. Cargado de fantasmas. Siempre solos. Siempre ocupados en no hacer nada realmente. De vez en cuando alguien entra y arma barullo y empuja a los fantasmas con su risa. Los fantasmas se agitan en su asiento. Suena un disparo. Una luz brillante refulge en las ventanas. El tren pasa. Siempre pasa. Y pita avisando que pasa. Pita y nadie escucha.

O sea, la vida misma, y no pienso hacer otros comentarios. Hablar y hablar sobre lo que otros han dicho es una de las perversiones de la modernidad, que se manifiesta miles de veces por segundo en las redes sociales, a horario fijo en las tertulias televisivas, y de la que ni siquiera se libra la “información” deportiva. Tampoco parece que el mundo de la alta cultura sea muy diferente: nos recreamos en escribir y escribir sobre lo que otros han escrito, y en el aula los profesores proponemos como actividad reina nada menos que el comentario de texto. Más de lo mismo. La literatura, y muy especialmente la poesía, se escribe para ser experimentada por un espíritu predispuesto a comprenderla. Lo demás es palabrería. Por eso he tardado tanto en reseñar su obra y por eso hoy me estoy limitando a desvelarla ligeramente y desvariar generosamente sin pretensiones de exégeta.

Andoni nos habla en su libro de la vida misma, de su vida, con símbolos sencillos, en el sentido de próximos, acogedores: el mar, la noche, la lluvia, la música, las olas. El afán de sugerir no convierte sus poemas en oscuras declaraciones, lo cual es muy de agradecer en estos días. La poesía suele ser un mar proceloso también para el lector.

¿Es la mano que me desterró
la que creó
la fuerte rosa,
la estrella eterna,
el fértil campo
la luna pura?
¿La que creó tanto odio en el corazón de los hombres?
 

Uno tiende a ver en poemas como este pedazos de biografía. Entre los géneros literarios, la lírica pasa por ser el más biográfico de todos, cuando es en realidad el más ficticio. Nadie se esconde tanto tras la semántica de la frase como hace el poeta, que es el más pudoroso de los escritores. El poeta interioriza su vida, la mastica, la digiere y la transforma en nutrientes que nada tienen que ver con la apariencia de los alimentos originales. Los poetas nos hablan de sí mismos de un modo que nunca habríamos sospechado, en especial cuando los conocemos personalmente.

No sé si soy un alma
inundada de miradas
o muchas almas
prendidas de poesía.
 

andoni-mendia-poeta

El poema anterior me recuerda que Andoni no es un poeta solitario. Escribir es para él una parte de la amistad que comparte con otros jóvenes autores o simples compañeros, demostrando que la poesía puede ser un medio para hacerse un hueco propio en la vida y ganarse la libertad. El escritor Richard F. Burton compuso en el XIX un microcuento que refleja mejor que nada esta faceta del arte poético:

El poeta hindú Tulsi Das, compuso la gesta de Hanuman y de su ejército de monos. Años después, un rey lo encarceló en una torre de piedra. En la celda se puso a meditar y de la meditación surgió Hanuman con su ejército de monos, que conquistaron la ciudad, irrumpieron en la torre y lo libertaron.

Como de alguna manera todos vivimos encerrados en la torre de nuestra pequeñez y soñamos con la grandeza de una liberación, yo os invito a que busquéis en la obra de Andoni vuestra propia liberación y le animo a él a que siga escribiendo para expresarse, liberarse y liberarnos a todos.

Profesor LÍLEMUS

Anuncios