Etiquetas

,

Leo en Mundo Deportivo, a propósito de la final de la Supercopa de Cataluña de fútbol, que el Barcelona “puso el fútbol pero pecó de profundidad y de ocasiones claras para poder remontar el encuentro”, que terminó perdiendo ante el Espanyol por un gol a cero. La cosa me desconcierta, porque pecar de significa ‘excederse en algo’, y no parece que los blaugrana anduvieran sobrados de ataques profundos o de ocasiones claras, sino todo lo contrario.

pecar-de-01

¿Algún becario que ha visto prorrogado su verano hasta el mes de octubre? No creo. Ved que el tal Roger Torelló firmante del artículo viene etiquetado como “redactor Barça”. Eso suena a “licencia para redactar”, a periodista razonablemente instalado en su medio. Claro que unas líneas más abajo sale con que este mismo equipo “se topó una y otra vez ante un Espanyol muy bien plantado”, donde el verbo toparse pedía a gritos la preposición con, y no ante.

pecar-de-03

El pecado de quien peca de es por exceso, nunca por defecto. Cuando uno muestra, por ejemplo, demasiada generosidad se dice que peca de generoso. Lo que el redactor quería decir no es que el Barcelona pecase de profundidad, sino que careció de ella. Ya he hablado en otras entradas de este mal del periodismo y la política de España: profesionales con una falta evidente de buenos modelos lingüísticos en la familia, la escuela o la lectura se meten en aguas desconocidas y acaban embarrancando lastimosamente el estilo. Cuando el prurito de elegancia se lleva por delante la propiedad del lenguaje, la elegancia resulta afectada y ridícula. Aquí bastaba con haber escrito que al Barcelona le faltó profundidad, o que simplemente no la tuvo, cosa que Torelló sabe hacer, porque unos párrafos más abajo lo dice con toda llaneza y naturalidad: “El Barça siguió tocando pero le faltó profundidad.

pecar-de-02

Naturalidad. Esa es la idea. Ya sé que el resultado no es deslumbrante, pero irradia una agradable claridad y con ella podemos estar seguros de ocupar siempre nuestro sitio. No todos somos Cervantes, pero muchos aprendimos de él a usar “palabras significativas, honestas y bien colocadas”, receta que nos dejó en el prólogo del Quijote y que las redacciones de los medios debieran copiar sobre la carcasa de cada ordenador. No sea que, por el sano deseo de escribir bien, algún plumífero llegue a pecar de pedante.

Profesor LÍLEMUS

Anuncios