Italia es una fiesta lingüística en la que a alguien se le ha ido la mano con las invitaciones. Un viajero que recorra de un extremo a otro lo stivale (la bota) podrá oír, junto a eso que suele llamarse el italiano, una infinidad de lenguas locales diferentes. En Cerdeña le saludarán bònas dies (el buongiorno del italiano); en Pisa, en vez del típico andiamo!, escuchará un agnamo!, que sonará anduma! en Turín y ‘nem! en Milán; el come xea? (come stai?) de Venecia será cum vala? en Bolonia; Potenza le recibirá con un plato de spaett’ (spaghetti) y en el Valle de Aosta en el mes de (agosto) podrá degustar un dzalà (gelato); en Liguria probará las deliciosas piccagge (tagliatelle) y se despedirán de él con un a rvèise (arrivederci) o tal vez un alègri; en Roma querrán saber ndó vai? (dove vai?); en Parma le tratarán de sjòr (signore); en Palermo más informalmente le interpelarán con un cumpá! (amico) y tal vez incluso le presenten a la mugghìeri (en italiano moglie, mujer) y al carusu (bambino). Y eso sin contar que conocerá muchos italianos cuya lengua materna es desde tiempo inmemorial el griego, el alemán, el esloveno, el croata, el catalán o el albanés.

dialectos italianos

Ya veis que parlare es en Italia un verbo muy variado. Esta diversidad se debe a que el latín quedó allí fragmentado en una increíble multiplicidad de lenguas. Sin pretender ser exhaustivo, ahí va una lista de las más importantes que se hablan hoy: lombardo, piamontés, ligur, provenzal, emiliano-romañol, veneciano, ladino, friulano, toscano, umbro, romanesco, napolitano, sardo, sasarés, lucano, abruzo, calabrés, pullés, siciliano, salentino, cada una con sus propias variedades locales. La histórica falta de unidad peninsular hizo que estas lenguas sobrevivieran más o menos independientes, hasta que la unificación política de 1861 ascendió a una de ellas (el toscano) a la categoría de lengua nacional. Y así, aquella fiesta caótica, aquella orgía lingüística, tuvo por fin alguien que llevara la voz cantante para entonar el himno de Mameli.

Es importante destacar que no se trata de variantes particulares del toscano o italiano (sus lenguas “hijas”), sino de derivaciones paralelas del latín y, por lo tanto, lenguas “hermanas” del toscano. Ellos las llaman “dialetti”, pero hay que entender estos “dialectos” en el sentido de “lenguas regionales por oposición a la nacional”. Si pudiera establecerse una analogía con España, se parecen al catalán y gallego (lenguas hijas del latín y hermanas del castellano) pero no al andaluz o el canario, que son dialectos propiamente dichos. El andaluz, por ejemplo, no pasa de ser un modo peculiar de hablar el castellano que avanzó hacia el sur durante la Reconquista.

El futbolista español Michu, recién llegado al Nápoles, se ganó a su afición con este tweet en dialecto. Su traducción al italiano sería: "È un piacere stare qui! Ci vediamo a San Paolo!"
El español Michu, recién llegado al Nápoles, se ganó a su afición con este tweet. Su traducción al italiano sería: “È un piacere stare qui! Ci vediamo a San Paolo!”.

Pero en Italia las variedades no cambian solo de región a región, sino también de provincia a provincia, a veces de ciudad a ciudad, y en esto la situación recuerda más bien a la de la lengua vasca, cuyos dialectos y subdialectos, aunque no son idiomas independientes, sí constituyen variedades territorialmente pequeñas y no siempre comprensibles entre sí. Para que os hagáis una idea del caso italiano, el lingüista Luciano Gianelli distingue dentro de los límites de uno solo de ellos (el toscano) once variedades (florentino, sienés, pisano-livornés, aretino, pistoyés, elbano, luqués…) más otras nueve de transición entre las anteriores.

dialectos del euskera
Mapa dialectal de la lengua vasca.

Estas babeles lingüísticas son sentidas por sus hablantes como la maldición bíblica que son, por lo que tiende a buscarse un medio de comunicación supraterritorial. El País Vasco lo logró mediante la creación del euskera batua o unificado, que no deja de ser una variedad de laboratorio más o menos impuesta desde la política. En este sentido, lo peculiar de Italia es que la primacía del toscano, para cuando fue impuesta desde el poder legislativo, ya llevaba recorrido un camino natural de siglos. Si llegó a convertirse en la lengua italiana, fue por su bien ganado prestigio fuera de Toscana.

DE CÓMO EL TOSCANO SE CONVIRTIÓ EN EL ITALIANO

La cosa empezó nada menos que en el siglo XIV, con tres de los autores más influyentes de la literatura universal: Francesco Petrarca, cuyo Cancionero fue el modelo europeo de poesía amorosa durante centurias; Dante Alighieri, autor de la inconmensurable Divina Comedia; y Giovanni Boccaccio, que marcó la senda de la mentalidad renacentista con los cuentos de su Decamerón. Los tres eran toscanos (de Arezzo, Florencia y Certaldo, respectivamente) y los tres emplearon y desarrollaron en sus obras la “lingua volgare” de su región natal, convirtiéndola así en lengua de influencia y prestigio. A finales del XVI, el toscano culto era usado en toda la península como lengua escrita, literaria y diplomática, y en tiempos de la unificación política ya había alcanzado el estatus de idioma oficial en todos los estados preunitarios (Reino de las Dos Sicilias, Estados Pontificios, Gran Ducado de Toscana, Reino de Cerdeña, Reino Lombardo-Véneto…).

Giorgio Vasari-Petrarca, Boccaccio, Dante, Cavalcanti
Petrarca, Boccaccio, Dante y Guido Cavalcanti, los responsables principales de la difusión y prestigio de la lengua toscana. El último pertenece al influyente movimiento poético llamado dolce stil novo, cuyo centro de irradiación fue Florencia.

Esto no significa que en 1861 la lengua de Dante fuera vehículo de expresión cotidiana de la mayor parte de la población, que en abrumadora mayoría seguía usando las hablas locales. Sin embargo, su conversión en lengua nacional aceleró considerablemente la difusión del toscano entre el pueblo. Paulatinamente la educación, la administración, la radio, la televisión normalizaron su uso hablado y escrito hasta la total generalización, dando lugar a un efectivo y sano bilingüismo.

Esto provocó también el retroceso natural de las lenguas regionales, que sin embargo han logrado sobrevivir, aunque con éxito diferente. Algunas de ellas (el napolitano, veneciano, lombardo o romanesco, por poner algún ejemplo) poseen una larga tradición literaria y folclórica, y hoy se calcula que uno de cada cuatro italianos alterna la lengua nacional con otra particular. Siguiendo la línea moderna de mandar a la UCI con fondos públicos a las lenguas en peligro de extinción, los gobiernos regionales tienden a darles protección política, pero la diferencia de estatus entre la “lingua” y los “dialetti” está cada vez más asentada entre las generaciones jóvenes. Lo cual no es de extrañar. Como decía el lingüista ruso-judío Max Weinreich a propósito del yidish (que suele catalogarse como un dialecto del alemán), “a shprakh iz a dialekt mit an armey un flot (una lengua es un dialecto con ejército y flota).

Y para que veáis que los italianos se toman la maledizione babelica con espíritu festivo, ahí queda este monólogo del humorista Enrico Brignano, quien recorre la península de norte a sur parodiando distintos dialectos. Cuando habla italiano en la parte inicial se le entiende razonablemente bien; en el resto nos tendremos que contentar con adivinar cuándo pasa de un dialecto a otro. No es demasiado difícil.

Ciao a tutti e arrivederci a venerdì prossimo.

Profesor LÍLEMUS

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