No tengo mucho trato personal con periodistas, políticos ni “gentes de mal vivir”. Pero a veces se da la circunstancia de que, entre la buena gente que trato, hay algún periodista, y hasta algún político. Eso me reconforta y me hace recuperar la confianza (iba a decir “fe”, pero me ha parecido demasiado) en estas dos profesiones tan necesarias para la buena salud de una sociedad.

El otro día quedé para tomar algo con mi antiguo alumno Carlos Laorden, que ha recuperado la confianza (o tal vez la fe) en su profesión desde que trabaja en Roma para una oficina de información dependiente de la FAO (la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura). Así se ha convertido en un freelance viajero del periodismo, que respira la brisa de la libertad (freelance significa ‘lanza libre’, no lo olvidemos), presta un valioso servicio a la sociedad (iba a decir “humanidad”, pero me ha parecido hortera) y escribe maravillosos artículos de prensa. Os dejo aquí el enlace a uno de ellos, publicado el mes pasado en El País, sobre los refugiados mozambiqueños en Malawi (REFUGIADOS INVISIBLES DE UN CONFLICTO INEXISTENTE). Si, porque he leído sus escritos adolescentes, sospecháis que soy un profesor más bien mayor que ya chochea con sus antiguos alumnos, podéis leerlo vosotros mismos y opinar.

Los males del periodismo español

Pero no es de esto de lo quería hablar. Los que me conocéis ya sabéis lo repetitivo que puedo llegar a ser, así que no os extrañará que en cada charleta con Carlos dediquemos un rato a hablar de los males del periodismo español. Y en cierta ocasión se refirió a un artículo, también de El País, escrito en 2014 por Víctor Lapuente Giné. Cuando pude leerlo, lamenté no haberlo tenido antes, o que no hubiera sido escrito, por ejemplo, diez años atrás. Si es cierto que el comprender los males nos apacigua la mente (aunque no necesariamente las entrañas), me habría ahorrado más de un berrinche intelectual (aunque no necesariamente estomacal) durante mis lecturas de prensa. El artículo se titula UNA MIRADA CRÍTICA A NUESTRO PERIODISMO y no tiene desperdicio. Os dejo con él, sin destripar ni comentar su contenido. Prefiero despedirme ya, con mis mejores deseos para los próximos días.

Profesor LÍLEMUS

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