Mirad bien la siguiente imagen, porque algo parecido será visible en los días cercanos a la próxima luna nueva, y en concreto al anochecer del 4 y 5 de agosto.

Luz cenicienta

Nuestro satélite, en el segundo día de su ciclo mensual, muestra en ella un fino gajo iluminado en la parte que mira al oeste, por donde acaba de ocultarse el Sol. Es precisamente ese Sol acostado quien ilumina el fino gajo. El resto de su cara visible no recibe luz solar alguna, y debería estar en total oscuridad. Sin embargo, una ligera luminosidad permite distinguir en ella zonas más oscuras (los llamados “mares” lunares) de otras más claras (las regiones montañosas). Este misterioso fenómeno, conocido como luz cenicienta, está pidiendo una explicación.

LA LUZ CENICIENTA

¿Qué otra fuente de luz incide entonces sobre la superficie lunar, si no es la que procede directamente del Sol? Dado que este es la única fuente de luz propia en el sistema Sol-Tierra-Luna, tiene que tratarse de luz solar reflejada por la superficie terrestre en dirección a la Luna. Así de sencillo. Somos nosotros quienes iluminamos la oscuridad lunar.

Luz cenicienta-esquema

Este fenómeno solo es apreciable en las proximidades de la luna nueva, o sea, en los últimos días de la fase menguante y en los primeros de la creciente. Antes y después, el efecto se va debilitando, y la causa de ello es natural: cuanto mayor es la parte de la Luna directamente iluminada por el Sol, más y más arrinconada y “ahogada” está la parte que emite la débil luz cenicienta.

Ahora bien, ¿tan potente es la luz reflejada por la Tierra como para iluminar, aunque solo sea débilmente, la superficie lunar? Pues lo cierto es que sí, pero para hacerse una idea hay que considerar un hecho en general desconocido por el gran público: durante los días próximos a la luna nueva, la Tierra refleja en dirección a la Luna una cantidad de luz mayor que en el resto del mes, debido al fenómeno de la complementariedad de sus fases.

COMPLEMENTARIEDAD DE LAS FASES LUNARES Y TERRESTRES

Por efecto de la rotación de la Tierra sobre su eje, tanto el Sol como la Luna salen y se ponen en nuestro horizonte con frecuencia diaria. Pero las cosas son diferentes en la Luna, ya que el movimiento de rotación sobre su eje está perfectamente sincronizado con el movimiento de traslación alrededor de la Tierra, hecho por el cual nos muestra siempre la misma cara. Por eso, aunque allí el Sol también sale y se pone (con frecuencia mensual, en este caso), no sucede lo mismo con la Tierra: un observador situado en la cara oculta de la Luna no podrá verla nunca, mientras que, para otro situado en su cara visible, la Tierra ocupará un lugar fijo en el firmamento todos los días de su vida. Si quisiera ver nuestro planeta “moverse” por el cielo, el observador lunar tendría que emprender un viaje por su superficie.

Sincronizacion de la tierra y la luna
Un observador (punto rojo) situado en la cara visible de la Luna tendrá la Tierra en un punto fijo del cielo durante toda su vida.

Ahora bien, esa Tierra que ocupa un lugar fijo en el cielo también crece y mengua mensualmente, ya que los ángulos del triángulo Sol-Tierra-Luna aumentan y disminuyen por efecto del giro de la Luna alrededor de la Tierra. Lo que no es tan obvio es que, en cada momento, la fase lunar y la “fase” terrestre son complementarias: la Tierra vista desde la Luna crece en la misma medida en que mengua la Luna vista desde la Tierra, y viceversa, como he intentado mostrar en las dos imágenes siguientes. Esto significa que en los días próximos a la luna nueva, que es cuando se da el fenómeno de la luz cenicienta, la Tierra está próxima a su fase llena y refleja, por lo tanto, la mayor parte de su luz en dirección a nuestro satélite.

Tierra y luna-fases complementarias-esquema

UN GIGANTE DE LUZ

Pero aún hay otro factor que influye en la luz cenicienta: la Tierra comparada con la Luna es un gigante de luz, por dos motivos:

-Su diámetro es 3,7 veces mayor que el lunar.

-Su superficie refleja un 37% de la luz que recibe, frente al escuálido 7% que refleja la superficie lunar.

Tierra y luna-fases complementarias-fotografia

Por lo tanto, el disco terrestre es casi 14 veces más extenso que el lunar y tiene una capacidad 5 veces mayor de reflejar la luz solar. Eso se traduce en que la “tierra llena” es unas 70 veces más luminosa que la luna llena. Setenta veces. Imaginad una impresionante noche de luna llena en la Tierra y será un pálido reflejo comparado con una noche de “tierra llena” en la Luna. Si la luna llena es capaz de iluminar generosamente nuestro suelo y proyectar sombras, la luz de una tierra llena sobre el suelo lunar es capaz de iluminar sus accidentes geográficos hasta hacerlos visibles desde la Tierra, siquiera sea débilmente. En esto consiste la luz cenicienta.

CUÁNDO VER LA LUZ CENICIENTA

Para elegir bien el día de observación, hay que tener en cuenta una serie de factores:

-La luz cenicienta es visible al amanecer en los días anteriores a la luna nueva, y al anochecer en los días posteriores, pero la proximidad al Sol de nuestro satélite hace que, en uno y otro caso, solo sea visible durante un rato.

-Su efecto se precia mejor en la noche cerrada que en el crepúsculo. Recordad que el crepúsculo matutino es el tiempo que va desde que raya el día hasta que sale el Sol, y el vespertino desde que el Sol se pone hasta que se hace de noche. El Sol debe, por lo tanto, encontrarse unos cuantos grados por debajo del horizonte, estando a la vez la Luna unos cuantos grados por encima.

La duración del crepúsculo depende básicamente del ángulo de inclinación del Sol cuando sale y se pone, y este varía según sea la estación del año y según sea el momento del día (amanecer o anochecer). Cuanto mayor es la inclinación, menos dura el crepúsculo y, por lo tanto, mejor se observa el efecto de la luz cenicienta. Para verla tras el anochecer, el ángulo va mejorando (aumenta) desde el equinoccio de otoño al de primavera (austral o boreal, da lo mismo, aunque los meses son diferentes en uno y otro hemisferio); para verla antes del amanecer, el ángulo va empeorando (se aplana) desde el equinoccio de primavera al de otoño.

-La separación suficiente de Sol y Luna no se da, por supuesto, el día de la luna nueva, en que ambos astros, por encontrarse en la misma línea visual, salen y se ponen a la vez. Tampoco es suficiente el día anterior ni el posterior. Con un horizonte despejado de obstáculos y elevaciones, ya será visible en el segundo día, cuando la Luna se encuentra a 24 grados del Sol. El tercero anterior o posterior, con la Luna a 36 grados y bastante alta en el cielo, es sin duda el mejor. A partir del cuarto, el crecer de la Luna y menguar de la Tierra dificulta cada vez más la observación del fenómeno.

-La luna nueva no se da “a lo largo de” un día, sino en un instante preciso. Las cuentas anteriores no son igualmente válidas si, en el día en cuestión, la conjunción de Sol y Luna se ha producido a primeras horas de la madrugada o después del anochecer. En Internet abundan las efemérides que detallan los momentos precisos de cada fase lunar.

-El uso de prismáticos mejora sensiblemente la visión.

Para que podáis hacer vuestros cálculos y elegir el día óptimo, os dejo el calendario de las próximas lunas nuevas del año 2016: 2 de agosto, 1 de septiembre, 1 de octubre, 30 de octubre, 29 de noviembre y 29 de diciembre. La misteriosa luz cenicienta es siempre asequible al anochecer; en cuanto al amanecer, en verano hay que madrugar mucho para verla, pero una vez entrados en el horario de invierno podríamos encontrárnosla sin esperarlo camino del trabajo.

Y a mí solo me queda desearos cielos venturosos y despejados.

Profesor LÍLEMUS

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