Resumen: El significado tradicional del verbo enervar (’debilitar, quitar las fuerzas’) ha cambiado modernamente a ’poner nervioso, irritar’, por influencia de la lengua francesa, donde el verbo énerver experimentó este cambio semántico en el siglo XIX. Esto lleva a una curiosa convivencia en la misma palabra de dos sentidos casi contrarios. No ha sucedido lo mismo en el verbo inglés enervate, que sigue usándose exclusivamente como ‘debilitar’.


¿Puede una palabra nombrar lo que le dé la gana? ¿Puede volverse caprichosa y ponerse a significar una cosa y también la contraria? Sí puede. Es, de hecho, lo que le pasa al verbo enervar y su derivado enervante. Aunque a muchos os sorprenderá, esta palabra ha significado desde siempre ’debilitar’, ’quitar las fuerzas’, pero hoy se oye casi solamente en el sentido de ’irritar los nervios, poner nervioso’.

Enervante-ambiguo

Para que podáis apreciar esta transformación, empezaré por citar un ejemplo ilustre de su sentido primero, tomado del discurso de ingreso de Miguel Delibes en la Real Academia Española (1975). Hablaba el vallisoletano del ya no tan incipiente invento de la televisión.

Miguel Delibes-Real AcademiaEl «pan y toros» ha tenido a lo largo de las edades de la Historia múltiples versiones. Pero he aquí que la era supertécnica ha venido a descubrir que también existen juguetes para entretener a los adultos y borrar de sus mentes cualquier idea de participación y responsabilidad. Es más, el ingenio de la técnica moderna descubre «el juguete» por antonomasia, merced al cual el pueblo no sólo no piensa, sino que incluso nos facilita la posibilidad de conducir su pensamiento, de hacerle pensar lo que nosotros queremos que piense. Así el interés por su juguete acaba por enervar en el hombre otros intereses superiores.

Sobrecoge comprobar que este tema ya era visible para algunos en los tiempos de la televisón en blanco y negro; pero no nos apartemos del nuestro. Como podemos ver, se refiere Delibes al efecto debilitante de la televisión sobre la sociedad, sentido que se remonta a la lengua latina. Esta creó, a partir del sustantivo nervus, ‘nervio’, el verbo enervare mediante el prefijo e– (variante de ex–), que significa aquí privación (al igual que en exculpar; exangüe, ‘desangrado’; exánime, ‘sin vida’; emascular, ‘castrar’). Su significado de ‘debilitar, relajar, agotar’ es visible en esta cita del De senectute de Cicerón: “Non plane me enervavit senectus”, ‘la vejez no me ha debilitado del todo’.

Stephane MallarmeLa palabra pasó como cultismo, aparte de al español enervar, al francés énerver y al inglés enervate, siempre  con el sentido de ‘debilitar, quitar el nervio’. Entonces, ¿dónde y cuándo sucedió un cambio semántico tan llamativo hasta llegar a la idea de ‘irritar, poner de los nervios’? Pues lo cierto es que la responsable del cambio es la lengua francesa. A mediados del siglo XIX, el poeta Stéphane Mallarmé todavía usaba la palabra con su sentido primitivo en el bello soneto Renouveau (1866).

Puis je tombe énervé de parfums d’arbres, las,
Et creusant de ma face une fosse à mon rêve,
Mordant la terre chaude où poussent les lilas.

     Luego caigo enervado de perfumes arbóreos,
     cavando con mi rostro una fosa a mi sueño,
     mordiendo el suelo cálido donde crecen las lilas. 

En esta misma línea, el prestigioso Dictionnaire de la langue française de Émile Littré, elaborado entre 1863 y 1872, solo registra el sentido original.

Emile ZolaLas primeras documentaciones indudables que he encontrado de su sentido moderno pertenecen a las obras de Émile Zola. La más antigua es de la novela Pot-Bouille (1882), en un pasaje donde se describe a un personaje que no logra conciliar el sueño.

Mais ce qui l’énervait le plus, c’était, à sa droite, une plainte continue, une voix de douleur geignant dans la fièvre d’une insomnie.

La primera traducción al español, del año 1890, dice así:

Pero lo que más le atacaba a los nervios, era un continuo quejido que oía hacia la derecha, un ¡ay! de dolor exhalado en la fiebre de un insomnio.

Como veis, el traductor no ha equiparado énerver con enervar, que entonces tenía en nuestra lengua el sentido contrario, sino con atacar a los nervios. Sin embargo, a lo largo del siglo XX el uso francés nos acabó llegando. No sucedió lo mismo en inglés, donde enervating sigue siendo sinónimo exclusivo de debilitating (como en The enervating effects of luxury).

Ahora bien, ¿cómo es posible que un verbo que significó ‘quitar las fuerzas, debilitar, quitar el nervio’ pase a significar ‘irritar, poner nervioso’? Yo supongo que el cambio de significado francés es en origen un vulgarismo motivado por la falsa percepción etimológica de la palabra. El prefijo de significado privativo e- se confundió con el prefijo en-, que a menudo aporta el sentido de cambio de estado: enivrer (‘embriagar, poner ebrio’, formado sobre ivre, ‘ebrio’), enjalouser (‘poner celoso’, sobre jaloux), emmerder (’importunar’, ’desquiciar’, sobre merde). Al asociar falsamente la palabra con esta serie, se interpretó é-nerver (’quitar el nervio’) como *en-nerver (’poner nervioso’), y ya tenemos el lío montado. El mismo motivo explica que luego, al pasar al español este galicismo semántico, fuera acogido como *en-nervar en la serie de enamorar, endulzar, embobar, empeorar

Jules Barbey d'AurevillyAdemás, la confusión puede tener una explicación añadida. Leed el siguiente pasaje del primer diario de Jules Barbey d’Aurevilly, de 1836:

Je dîne en ville demain, à ce que je crois, et un dîner d’hommes où il fera furieusement chaud par cet énervant temps d’orage.

El adjetivo énervant podría tener ya en este texto (ojo a lo temprano de la fecha: 1836) su sentido moderno (‘irritante’), aplicado aquí a un tiempo de tormenta terriblemente caluroso, pero es difícil estar seguros de ello. Calor es uno de los sustantivos a los que tradicionalmente se ha aplicado el adjetivo enervante (‘debilitante’): el calor excesivo nos deja sin fuerzas, sin nervio, pero a la vez puede impacientarnos, irritarnos, ponernos de los nervios. Esta ambigüedad me hace pensar que Barbey d’Aurevilly, entonces muy joven (27 años), o bien confundió él mismo ambos sentidos, o bien se movía en un ambiente social donde la confusión ya había empezado. Su polémica obra literaria y periodística tuvo una influencia enorme en la sociedad francesa del XIX y también en su lengua. Por descontado, lo mismo puede decirse de la obra de Zola.

Federico Garcia LorcaLa ambigüedad del ejemplo anterior me invita a hacer una última consideración: con demasiada frecuencia es difícil distinguir si un uso de la palabra sigue el sentido primitivo o el moderno. ¿Cuál de los dos estaba en la mente de Federico García Lorca cuando escribió los siguientes versos?

Flor eterna. Conjuro al suspiro.
Flor grandiosa, divina, enervante,
flor de fauno y de virgen cristiana,
flor de Venus furiosa y tonante,
flor mariana celeste y sedante,
flor que es vida y azul fontana
del amor juvenil y arrogante
que en su cáliz sus ansias aclara.

En la edición de 1992, el diccionario de la Real Academia todavía registraba el sentido moderno con la aclaración “galicismo frecuente”, que las últimas ediciones omiten. Y por mucho que esta acepción aparezca en segundo lugar, es hoy en España el uso dominante, hasta el punto de que en número altísimo los hablantes incluso desconocen el sentido primitivo. Lo mismo sucede en francés, según una breve encuesta que he hecho entre nativos de esta lengua.

En cuanto a mí, a veces me da por decir que un baño caliente me ha hecho un efecto “enervante”, pero lo hago consciente de que la cosa causará extrañeza, movido por cierta afición a sorprender que aún no me ha abandonado. Y es que esta desconcertante ambigüedad de la palabra enervante la convierte en un vocablo huidizo, caprichoso y, en el fondo, enervante.

Profesor LÍLEMUS

[Para Andoni Mendía, que se toma sus estudios de Filología con profesional afición]

Un fenómeno parecido de préstamo semántico, en relación con una palabra ya existente en español, ha sucedido con el adjetivo PATÉTICO.

Anuncios