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BISUTERÍA ETIMOLÓGICA

Entre las muchas historias que explican el origen de frases hechas, hay algunas que son curiosas, entretenidas y hasta inspiradoras, y solo les falta una cosa para tener verdadero interés: la autenticidad. Estas explicaciones tratan de dar con el contexto originario en el que la frase tuvo sentido literal, pero al hacerlo suelen establecer conexiones difíciles de comprobar, y acaban presentando como cierto lo que no pasa de ser mera suposición. Por eso, cuando escuchéis una historia de estas, mi consejo es que empecéis por dudar de ella y os informéis de fuentes fiables. En la etimología de frases no es oro todo lo que reluce.

Un ejemplo típico de esta clase de bisutería etimológica está en cierta explicación de la frase “Salvarse por la campana” (o sea, ‘librarse de un mal en el último momento’). Según ella, la dificultad de la medicina tradicional para certificar la muerte ocasionaba enterramientos de personas vivas, que despertaban sin remedio posible dentro de la tumba. En efecto, ciertos cuadros de catalepsia presentan síntomas semejantes a los de la muerte, como rigidez corporal, ausencia de respuesta a estímulos, paralización de las constantes vitales. Este viejo temor al enterramiento prematuro pareció reavivarse a mediados del siglo XIX, al publicarse con enorme éxito algunos relatos de Edgar Allan Poe que tratan de esta dolencia (Berenice, La caída de la casa de Usher). Y así, diversos inventores diseñaron modelos de ataúd que daban al desdichado una oportunidad de volver a su vida de siempre, amenizada a partir de entonces -es de suponer- con intensas charlas en el diván del psiquiatra.

Uno de estos artilugios, patentado en 1868 por un tal Franz Vester, de Nueva Jersey, estaba conectado con el exterior de la tumba mediante un tubo cuadrado. A través de él, una cuerda atada a la mano del difunto terminaba en una campana situada al aire libre. Todo ello muy americano, muy funcional y muy le devolvemos su dinero si el viaje resulta ser solo de ida. Previsiblemente, al despertar el falso muerto, no tenía más que tirar de la cuerda para dar un toque de atención a los precipitados vivos que habían tenido aquel despiste imperdonable. Una resurrección como para entonar el Oh happy day! y celebrarlo con los amigotes, que aprovecharían para hacer bromas sobre el colega que se había “salvado por la campana” en sentido estrictamente literal.

Web

Diseño de Franz Vester incluido en la concesión de su patente (US Patent nº 81.437, 25 agosto 1868).

La ocurrencia, que se pasea con inexplicable desparpajo por Internet, es, como veis, ingeniosa y plausible. Solo tiene una pega: ninguna de las páginas web donde puede leerse aporta evidencias del uso común de estos féretros, ni documentos escritos que atestigüen su huella en el idioma, a pesar de lo cual la historieta se propaga imparable. ¿Cómo es posible que quienes la difunden no hayan reparado en sus carencias? Hace años la universidad convertía adolescentes crédulos en adultos rigurosos, pero desde que se ha vuelto expendedora de títulos no para de producir adolescentes con licencia para ejercer (y, a menudo, con blog propio).

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EL USO BOXÍSTICO DE “SALVARSE POR LA CAMPANA”

campana y ring de boxeoLa realidad es que la frase “salvado por la campana” procede del vocabulario del boxeo. Los combates de este deporte están divididos en un número de asaltos, separados por tiempos de descanso de un minuto. Para marcar el principio y final de cada asalto, que dura tres minutos, se emplea como señal un toque de campana. Cuando uno de los púgiles cae derribado (knocked down), el árbitro inicia una cuenta en voz alta a la espera de que el púgil consiga ponerse en pie. Si la cuenta llega a diez y el boxeador no se ha recuperado, es declarado knocked out (es decir, K.O.), salvo que durante la cuenta suene la campana que da por terminado el asalto. Esta regla, que ya ha caído en desuso (una vez iniciada la cuenta, la campana solo podrá sonar cuando el árbitro haya dado por bueno el estado del boxeador), permitía a un púgil al borde de la eliminación “salvarse por la campana”. He aquí el sentido primitivo de la expresión.

De hecho, la frase en cuestión aparece documentada en inglés (“Saved by the bell”) coincidiendo con los orígenes del boxeo moderno, que se inicia en la segunda mitad del XIX tras la reforma introducida en Inglaterra por el Marqués de Queensberry. Aunque no he podido encontrar el documento original, suele citarse entre sus primeras apariciones la crónica de un combate Flaherty-Burns de 1893: “Martin Flaherty defeated Bobby Burns in 32 rounds by a complete knockout. Half a dozen times Flaherty was saved by the bell in the earlier rounds” (The Fitchburg Daily Sentinel).

Para su documentación española he consultado la hemeroteca digital del diario ABC. El registro más antiguo es de 1930 y aparece en la noticia de un combate en Tampa (Florida) entre los boxeadores Diego Pajón y Tito Batallador. El texto de United Press concluye: “Al terminar varios asaltos parece que Tito iba a caer al suelo, pero siempre fue salvado por la campana.

Salvado por la campana-ABC-24-09-1930

Diario ABC, edición de Sevilla, 24.09.1930, p. 30

Más interesante es la crónica de un encuentro futbolístico PSV Eindhoven-Real Madrid de 1971. Al eliminar a los madrileños de la Copa de la UEFA, el periodista entendía que el entrenador alemán del PSV, Kurt Linder, amenazado de despido inmediato por un desastroso inicio de temporada, se había “salvado por la campana”. El interés de este uso radica en que la frase ya ha perdido en él su sentido literal boxístico y se aplica figuradamente a una situación cualquiera en que alguien se libra de un mal en el último momento.

Salvado por la campana-ABC-05-11-1971

Diario ABC, 05.11.1971, p. 73

Así que, a la vista de ambos documentos, podéis dar por buena la explicación sin necesidad de conceder crédito gratuito a quien os la ha contado, que soy yo. Lo demás son palabras, palabras, palabras.

Profesor LÍLEMUS

Si queréis saber de otra frase cuyo origen está bien documentado, podéis leer “El que se fue de Sevilla, perdió su silla.

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