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Existe una famosa colección de enigmas latinos escrita a finales del siglo IV de nuestra era por un tal Simposio. En realidad, lo de Simposio es poco más que un nombre a quien suele atribuirse la colección. Quiero decir, un nombre detrás del cual no hay ninguna persona conocida a quien podamos endilgar una biografía y unas circunstancias. Y, aunque la hubiera, esto no cambiaría sustancialmente las cosas: según os contaré algún día, los escritores son entes de ficción que nos hemos inventado los profesores de literatura. Hoy me limitaré a señalar que ni la biografía ni las circunstancias habrían añadido a su obra nada que él no hubiera dejado en la propia obra en forma de palabras.

Saturnalia

Fuera quien fuera Simposio, lo cierto es que nos dejó un valioso libro: los Aenigmata, una colección de cien composiciones, cada una en tres versos hexámetros, escritas como entretenimiento para las Saturnalia. Las Saturnalia eran una fiesta en que los romanos, durante siete días de diciembre, invitaban a los amigos a banquetes, y allí intercambiaban regalos y decían textos breves e ingeniosos, escritos para la ocasión. En este caso, como dice su título, se trata de interesantes enigmas, entre los que me gusta especialmente el que hoy os propongo como adivinanza. He aquí el original latino:

Terra mihi corpus, vires praestitit ignis,
de terra nascor, sedes est semper in alto
et me perfundit, qui me cito deserit, umor.
 
 

Y su traducción literal:

La tierra me dio el cuerpo, el fuego la fuerza,
de la tierra nazco, mi sitio siempre está en alto,
y me empapa un líquido que enseguida me abandona.
 
 

Tiresias-Adivinarium

Pero una adivinanza no consiste en una mera sucesión de ideas ingeniosamente oscurecidas: el ritmo de los versos ensarta las ideas en un hilo sonoro característico del género. Esto significa que, al traducirlas, las debilitamos irremediablemente. Por eso hace unos años me dio por “trasplantar” el ritmo de sus hexámetros latinos al de nuestros castizos versos octosílabos. La traducción me la tomé con cierta libertad y quedó como sigue:

         ADIVINANZA
 
Debo mi cuerpo a la tierra,
al hombre mi forma debo,
pero estimo sobre todo
la fuerza que me dio el fuego.
 
Es mi oficio darle cauce
a un líquido siempre inquieto,
que me salpica la cara
y me abandona ligero.
 
En mi rubor no hay vergüenza
por mi bajo nacimiento:
que yo habito en lo más alto
sin mirar jamás al suelo. 
 
 

Espero vuestras soluciones en forma de comentarios, que publicaré cifrados para no quitar a nadie el placer de jugar. Y recordad que podéis encontrar otras adivinanzas pulsando el término correspondiente en la nube de etiquetas de este blog. Adivina adivinanza.

TIRESIAS

PISTAS PARA DESPISTADOS

1. “La fuerza que me dio el fuego” se consigue dentro de un horno. Es también el fuego quien hace que se “ruborice”.

2. La solución es del género femenino.

3. Simposio, en su latín, la habría llamado tegula, palabra derivada de tegere (‘cubrir, proteger’) y que es el étimo de la solución.

4. El horno recién mencionado es el de un alfarero. La solución debe su cuerpo al barro de la tierra y su forma a este hombre.

5. “Que yo habito en lo más alto”. Os dejo como última pista una foto del barrio que rodea a la iglesia de San Domenico, en Perugia. En una de estas calles pasé hace años un verano inolvidable.

San Domenico-Perugia

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