Quienes me tratáis personalmente –también quienes me leéis de vez en cuando- conocéis mi convicción de que las decisiones públicas deben tomarse lo más cerca posible de quien va a disfrutar o sufrir sus consecuencias: el pueblo. El papel de la Administración es, pues, subsidiario y debe limitarse a aquellos ámbitos donde no es razonable que llegue eficazmente la acción popular. Lo contrario lleva a legislar según idearios de partido y no según los intereses reales de la gente, cuando no al gasto (o malgasto) desorbitado, al cambalache, la corrupción y el despropósito. Hoy quiero comentar un caso práctico de esta convicción general: los programas de lectura escolar.

Programa de lecturas

Imaginad, por ejemplo, que vuestro hijo es estudiante de último curso en la Comunidad Autónoma Vasca. Como alumno de Lengua y Literatura, leerá tres obras obligatorias:

-Pío Baroja: El árbol de la ciencia.

-Federico García Lorca: La casa de Bernarda Alba.

-Blas de Otero: Antología poética.

Dos vascos de la tierra y un andaluz universal. Muy bien. Si vuestro hijo cursa además la asignatura optativa de Literatura Universal, tendrá la oportunidad de expandir su mente con otras seis obras de lectura obligatoria:

-William Shakespeare: Hamlet.

-Edgar Allan Poe: Cuentos.

-Gustave Flaubert: Madame Bovary.

-Franz Kafka: La metamorfosis.

-Virginia Woolf: Al faro.

-Pablo Neruda: Veinte poemas de amor y una canción desesperada.

Franz Kafka-La metamorfosisNueve libros en total (más de 1500 páginas de lectura), todo un reto para esta época en que el ocio se nutre de una oferta variada. Por cierto, si alguno de vosotros los está leyendo actualmente, debería salir ahora mismo de esta página, porque estoy a punto de destripar sus desenlaces. Vaya por delante que las nueve son, por separado, grandes obras escritas por autores representativos de su tiempo. Algunas constituyen verdaderas cimas desde las que puede contemplarse el mundo de la literatura, pues su influencia en la posteridad ha sido enorme. Ahora bien, ¿en qué se convierten cuando las agrupas como un programa de lectura? Pues en algo parecido a una comida consistente en tres segundos platos de carne: pollo, chuletón y cordero, por ejemplo, uno detrás de otro, sin primero ni postre, sin una triste ensalada, ni salsa, ni pan, ni un vasito de buen vino. Veámoslas y decidme si no es así.

Pio Baroja-El arbol de la cienciaEl conjunto de estas nueve obras enfrentará a los sufridos adolescentes con temas tales como la infelicidad matrimonial (Madame Bovary), la insolidaridad de los seres más próximos (La metamorfosis), el fracaso de un amor adolescente (Veinte poemas), el sinsentido de la existencia humana (El árbol de la ciencia), el sueño inalcanzable de la libertad individual (La casa de Bernarda Alba), la angustia vital (Blas de otero), la duda paralizadora (Hamlet) o un variado desfile de monstruos humanos (Cuentos de Poe). Apasionante. De los temas de la novena obra (Al faro) tal vez les salve el hecho de que probablemente se les caiga de las manos, dada su complejidad técnica.

Federico Garcia Lorca-La casa de Bernarda AlbaSi descontamos el libro de cuentos y los dos de poesía, estos conflictos conducen a cinco de sus seis protagonistas a la muerte: uno es asesinado por no haberse vengado a tiempo del asesino de su padre (Hamlet); otro se deja morir de rechazo y abandono por parte de su propia familia (Gregorio Samsa); nada menos que tres de los restantes héroes (Andrés Hurtado, Emma Bovary, la impulsiva Adela) deciden quitarse de en medio con alguna forma de suicidio. En la sexta obra, para variar, quien se suicida no es el personaje, sino su creadora, la pobre Virginia Woolf.

Gustave Flaubert-Madame BovarySé que este resumen es un poco caricaturesco, pero en pocas de esas 1500 páginas hay modelos humanos positivos o logrados, al menos no lo bastante claros para ser netamente apreciados por un lector adolescente. Si las obras tratan de la autoridad, esta será despótica; si del humor, será ácido; si de la religiosidad, será supersticiosa, o frustrada, o terrible; si de la libertad, será inalcanzable; si de la familia, será extraña o mal avenida; si de la ligereza, será simple inconsciencia. Abundan, en cambio, en ellas los seres infelices, los trastornados, los canallas, los dolientes, los intensos, los frustrados, los explotadores, los explotados. Sacar de ellos algo positivo exigiría darles la vuelta como a un calcetín, operación mental muy complicada cuando se tienen diecisiete años. Por si a alguien en la clase le quedaba alguna duda, esta puntilla final de la escolaridad le sacará de ella: definitivamente, la literatura debe de ser cosa de frikis. Mejor probar otros estímulos.

Pablo Neruda-veinte poemas de amorCualquier profesor en contacto con el aula se daría cuenta de que el programa está desequilibrado y es poco estimulante. Yo mismo leí algunas de esas obras -y las pude disfrutar- con unos años más que mis alumnos y mezcladas con otras de muy distinto signo. Debería haber alguna cómica, o luminosa, o intrascendente, o entusiasmante, o llena de fe en el ser humano, o lo que sea. ¿Qué es entonces lo que ha originado el despropósito? En parte, cierto prejuicio intelectual de nuestro tiempo, según el cual el arte, para ser valioso, debe expresar conflictos irresueltos, carencias, desorden, discordancia, denuncia, tragedia. Exclusivamente. La ligereza, el optimismo, la realización, la conformidad, la risa franca, la plenitud, el conflicto felizmente resuelto son aspiraciones pequeñoburguesas que no deben ser tenidas en cuenta, porque el arte, lo que se dice el arte, es otra cosa. Y así queda definida una selección de obras francamente irresponsable, que nadie se ha molestado en mirar como un conjunto.

Virginia Woolf-To the lighthousePero hay más. Por poner un ejemplo, Virginia Woolf fue incluida hace dos años en la programación vasca de Literatura Universal (sustituyendo a Pedro Páramo, de Juan Rulfo) porque el grupo de seis autores era entonces exclusivamente masculino. Muy bien. Woolf es mujer y, además, un icono temprano del feminismo. Así nos lo explicaron las dos coordinadoras de la asignatura para las Pruebas de Acceso a la Universidad. También nos informaron de que, entre sus novelas, solo de Al faro había traducción al euskera, por lo que la elección venía prácticamente dada en una comunidad autónoma oficialmente bilingüe. Ahora bien, si con la elección de una obra tirando a infumable (no para mí, pero sí para la inmensa mayoría de mis alumnos) alguien cree estar haciendo algún favor a la causa de la mujer o de la lengua vasca, entonces habrá que concluir que la elección está en manos equivocadas. Cuando uno elabora un programa de literatura olvidándose de la propia literatura, suelen pasar estas cosas.

William Shakespeare-HamletAlguien dirá que es preciso elaborar una lista única de libros para todos los alumnos de una misma comunidad autónoma, ya que a final de curso deberán pasar un examen único. Falso. La Organización del Bachillerato Internacional, por ejemplo, implantada en centros de 127 países, ofrece una optatividad de cientos de lecturas (yo no pido tanto) y se las arregla para examinar a todos con un examen único. Les basta con plantear una pequeña lista de enunciados a elegir, entre los que siempre es posible encontrar los que se adaptan a las obras que uno ha leído. Yo no sé si es ese el mejor camino, pero tal vez con un poquito de imaginación encontraríamos uno más satisfactorio que el actual.

Edgar Allan Poe-TalesYo, como profesor, me siento a veces incapaz de despertar en mis alumnos el interés por este páramo desolador donde casi puede oírse graznar al cuervo de Poe. Pero como padre –y ciudadano- me siento algo más: me siento encogido. Porque, como padre, podría influir en los profesores de mis hijos. Me escucharán amablemente y, si me coordino con otros, tal vez hasta nos hagan caso. Pero el alto pedestal desde el que toma decisiones un coordinador de Selectividad es tan inalcanzable para un padre -no digamos para un estudiante- como el sueño de libertad de Adela en La casa de Bernarda Alba. Es lo que pasa cuando la Administración se arroga innecesariamente competencias que deberían ser ejercidas mucho más cerca de los interesados.

Blas de Otero-Angel fieramente humanoLa insensatez no está, pues, en la lista de lecturas, sino en la lejanía que separa al autor de la lista del lector real. Se trata de un problema más general, que acaba manifestándose en el disparate de la lista. Nos hemos dotado de un sistema público todopoderoso que cree saber lo que nos conviene y lo elige paternalistamente por nosotros, pues recela de nuestra capacidad de actuar libre y convenientemente. En este caso concreto, la administración educativa desconfía de la idoneidad de los centros para elaborar programas de lectura equilibrados y estimulantes en función de sus circunstancias y preferencias.

Hemos dejado la libertad de todos en manos de un puñado de adictos al control. Genial. Es como encargar el menú de nuestra boda a un equipo de cardiólogos. Que nadie espere luego disfrutar del banquete.

Profesor LÍLEMUS

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