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En estas fechas próximas al cuatrienal 29 de febrero suele salir en las conversaciones un tema recurrente: por qué llamamos bisiestos a los años largos, y por qué se añade su día suplementario a febrero y no a diciembre. Un lector de “Profesor LÍLEMUS”, puesto en tal situación, no debería verse forzado ni a vagas suposiciones ni a un incómodo silencio.

POR QUÉ SE AÑADE A FEBRERO EL DÍA SUPLEMENTARIO

En Roma la ordenación y vigilancia del calendario era tarea reservada al colegio de los pontífices. Estos se encargaban de concordar el año civil de 355 días (12 meses de 29 días, salvo marzo, mayo, julio y octubre, de 31, y febrero, de 28) con el ciclo solar de aproximadamente 365. La técnica consistía en añadir cada dos años un mes suplementario, llamado mercedonius, coincidiendo con las fiestas de Terminalia (23 de febrero) y Regifugium (24 de febrero). Febrero era entonces el último mes, y su día 23 -por el momento voy a usar la denominación moderna de los días- era considerado el último del año. Los cinco días restantes de febrero se veían como un suplemento infausto que no pertenecía al año normal.

Sacerdotes romanos

El mes suplementario alternaba una duración de 22 días (y entonces se intercalaba entre el 23 de febrero, Terminalia, y el 24), con otra de 23 días al cabo de dos años (y entonces se intercalaba entre el 24 de febrero, Regifugium, y el 25). Los días sobrantes de febrero se añadían a mercedonius, de modo que los años largos terminaban con un febrero más corto, de 23 o 24 días, y un mes suplementario de 27.

Pero la verdad es que los pontífices se tomaban esta tarea con un desprecio absoluto de la exactitud, y en general preferían practicar la prevaricación con fines diversos, como adelantar o prolongar el final del mandato de un magistrado, o bien favorecer o perjudicar a un recaudador de impuestos. No es de extrañar que a mediados del siglo I a.C. reinase en Roma un caos calendarial mayúsculo.

Julio CesarAsí que en el 46 a.C., Cayo Julio César, que a fuerza de acumular cargos en su persona se había agenciado también el de Pontífice Máximo, introdujo una profunda reforma del calendario. Los meses pasaron a tener 30 o 31 días, salvo febrero, que siguió teniendo 28, sumando así los 365. De la elaboración de este nuevo calendario, llamado juliano, fue encargado el astrónomo Sosígenes de Alejandría, quien, siguiendo al astrónomo y matemático griego Eudoxo de Cnido (406-355 a.C), tuvo en cuenta una duración del año de 365,25 días. Como este resto de 0,25 suma un día entero al cabo de cuatro años, la reforma preveía además el añadido de un día suplementario al cumplirse este plazo. Con ello se buscaba una correspondencia perfecta entre el año civil y el solar, que en realidad no se lograría hasta la corrección hecha en 1582 por el calendario gregoriano.

Aunque la reforma juliana adelantó el comienzo del año al 1 de enero, no quiso, sin embargo, romper la tradición de hacer los añadidos en el mes de febrero. Así pues, el día suplementario se intercalaba entre el 23 y el 24 de febrero, de modo que resultaban dos días 24. Parece que ellos imaginaban el 24 de febrero de los años largos como un día doble, de 48 horas, cuya parte añadida era curiosamente la primera mitad.

¿POR QUÉ “BISIESTO”?

Para entender la denominación “bisiesto”, hay que tener en cuenta que originalmente este término se aplicó al día añadido y no, como hoy hacemos, al año en que se añade. Los nombres de los días en el calendario romano hacían referencia a las tres fechas fijas de cada mes:

-El día 1 se llamaba calendas; el día 5, nonas; y el día 13, idus. En los meses de 31 días (marzo, mayo, julio y octubre), las nonas caían el 7 y los idus, el 15.

-Las vísperas de esas tres fechas fijas llevaban el añadido pridie. El 12 de abril, por ejemplo, era la víspera de los idus de abril, en latín pridie idus apriles.

-Cualquier otro día del mes era nombrado según el número de días que faltaban para la siguiente fecha fija, incluyendo en la cuenta el día de partida y el de llegada. El 5 de octubre era el día tercero antes de las nonas de octubre, en latín ante diem tertium nonas octobres (abreviado a.d.III.Non.Oct.).

Según este sistema, el 24 de febrero se llamaba día sexto antes de las calendas de marzoante diem sextum kalendas martias, por lo que al día suplementario (el 24 bis) se lo llamó ante diem bis sextum kalendas martias. Y de este día “bis sextus” (‘dos veces sexto’) procede la palabra bisiesto.

Más tarde, a lo largo de la Edad Media, cuando la denominación romana de los días fue sustituida por su numeración consecutiva a partir del 1, el día extra empezó a añadirse después del último de mes, igual que en la actualidad. Y así se perdió la noción de día bisiesto, que fue sustituida por la de año bisiesto.

Dia suplementario de febrero

A la muerte de César, los pontífices siguieron haciendo de las suyas, y con enternecedora ignorancia se pusieron a intercalar días suplementarios cada tres años, en vez de cada cuatro. No olvidemos que en el cómputo temporal romano se incluía la unidad de partida y la de llegada, lo que también explica que Cristo resucitase “al tercer día”. Para cuando el emperador Augusto se dio cuenta de la chapuza, treinta y seis años después, hubo que parar la cosa y los romanos pasaron tres lustros sin ver un solo año bisiesto. O mejor, como sabéis ahora, sin ver un solo día bisiesto previo al día sexto antes de las calendas de marzo.

Así que ya podéis conversar tranquilos en estas fechas, sabiendo que estaréis a la altura de las preguntas de cualquier curioso.

Profesor LÍLEMUS

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