El verbo satisfacer es una de esas palabras que, por pertenecer al nivel culto del idioma, suelen confundir los que tienen el micrófono mal enchufado a la gramática. Se trata de personas más o menos públicas que, al subir al escenario de los medios, conectan directamente el estilo a la lengua hablada sin el adaptador natural de la escrita. Y ahí empiezan las estridencias. Qué fácil es confundir lo coloquial y lo incorrecto, lo popular (lo del pueblo instruido) y lo vulgar (lo del vulgo iletrado). Cuando se trabaja con altavoz, hay que saber dónde están los mandos que lo regulan y, sobre todo, las tomas de alimentación. Vamos, que hay que leer un poco más. Y leer a los grandes.

Que yo sepa -pero hay tanto que no sé-, el primer uso ilustre de este verbo lo hizo el poeta cordobés Juan de Mena, en aquellos versos de su “Laberinto de Fortuna” (1444) que dicen:

     …e de la pregunta que le fuere puesta
     me satisfaga de cierta respuesta
     segund es el caso que tanto procuro. 

Juan de Mena-Laberinto de FortunaEl vocabulario castellano primitivo lo forman las palabras del latín llamado vulgar, que es el que viajó por el Imperio romano y se transformó pausada y naturalmente en las lenguas romances. Mena, maestro en Artes por la Universidad de Salamanca, fue uno de los que ampliaron ese vocabulario adaptando directamente términos del latín culto y escrito, que en el momento de su introducción sonaban como extraños neologismos. El verbo satisfacer lo tomó de satisfacere, palabra formada añadiendo satis (‘bastante’) a facere, que a su vez es el origen de nuestro verbo irregular hacer.

Y este es precisamente el secreto de su uso: SATISFACER se conjuga con las mismas irregularidades que HACER, salvo por una pequeña variación en el imperativo. Para que observéis las correspondencias, os dejo aquí una lista con las formas de ambos verbos, donde he seleccionado para cada tiempo la persona que me ha parecido oportuna.

Conjugacion verbo satisfacer

Siendo así las cosas, crece hoy la tendencia a conjugar este verbo como si fuera regular, de donde resultan formas como *satisfacerá, *satisfacería, *satisfació, *satisfaciera. En los presentes de indicativo y subjuntivo, en cambio, se tiende a asimilarlas a los verbos irregulares acabados en –cer (como pertenezco, *satisfazco; como nazca, *satisfazca). Pero no hay por qué caer en estas construcciones impropias y en algún caso chocantes. Al usar las formas correctas, que son las emparentadas con hacer, las conjugamos naturalmente igual que las de otros derivados de este verbo, como deshacer (deshice, deshaga, desharía) o rehacer (rehago, reharé, rehiciera).

Y que conste que, según he dicho ya por aquí, la corrección no me parece tan importante como la naturalidad, siempre que no confundamos la naturalidad con eructar. Si no estamos seguros de cómo usar satisfacer, pensemos que tampoco es obligatorio hacerlo. Las deudas se pueden satisfacer, sí, pero también liquidar o simplemente pagar; a una persona, a un cliente, se les puede complacer, agradar y hasta tener contentos, que no es poco; el hambre se puede saciar; los deseos, colmar; los requisitos y exigencias, observar o cumplir.

Satisfaceran

Cierto alcalde, entrevistado por un medio digital, decía saber que “las ayudas por las inundaciones no satisfacerán a todos los afectados”. ¿Y por qué no, sencillamente, reconocer que las ayudas en cuestión “no serán del gusto de todos”?

Da pena ver hablantes que, al lanzarse a las formas de satisfacer, se traban a medio camino (satisfac…), como quien descubre demasiado tarde que no sabe terminarlas y tal vez hubiera sido más prudente buscar un sinónimo. Lo culto tiene sus momentos y sus huecos; lo natural, en cambio, encaja en todas partes. Y lo elegante -por qué no- también. Escuchad, para terminar, estos versos de un contemporáneo de Mena, el palentino Jorge Manrique, que coloca un satisfizo, y todo lo demás, como mandan los cánones de la elegancia:

     Es victoria conocida
     quien de vos sale vencido,
     que en perder por vos la vida
     es ganado lo perdido.
     Pues lo consiente Razón,
     consiento mi perdimiento
     sin esperar galardón,
     pues vuestro merecimiento
     satisfizo mi pasión. 

Profesor LÍLEMUS

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