Alguien que está aprendiendo su lengua materna –o sea, todos nosotros, a cualquier edad- suele verse en situación de usar expresiones formales que no siempre domina, y esto requiere una actitud de aprendizaje y revisión. Un caso típico es el del verbo pronominal tratarse seguido de un complemento con de, que se usa en el registro formal como equivalente de ser: Todos le aplaudieron, pero enseguida comprendió que se trataba de (= era) una broma.

Un uso particular de esta estructura se da cuando el complemento es un infinitivo o una subordinada con que: No se trata de obedecer/que obedezcas, sino de dejarse/que te dejes ayudar. Como veis, el mismo verbo expresa aquí deber o necesidad (Lo que hay que hacer no es obedecer, sino…).

TRATARSE DE, SIEMPRE SIN SUJETO

duda idiomaticaPara emplear correctamente tratarse de, hay que tener en cuenta que es verbo impersonal y, por lo tanto, carece de sujeto. Normalmente se refiere a algo mencionado con anterioridad, pero ese algo no es un verdadero sujeto. En la oración incorrecta * Esta obra se trata de una novela realista, donde esta obra actúa como sujeto gramatical, lo sencillo y propio habría sido el uso de ser: Esta obra es una novela realista. Siempre que haya sujeto, se evitará el uso de se trata de.

Cuando expresa deber o necesidad, es frecuente la construcción incorrecta con sujeto en oraciones donde parece equivaler a consistir en, verbo que en cambio sí lo admite. El par de ejemplos que siguen refleja bien estos usos.

TRATARSE DE vs CONSISTIR EN

Aquí lo propio habría sido sustituir «La verdadera amistad no se trata de ser inseparables» por «…no consiste en ser inseparables» o incluso convertir el sujeto en complemento: «En la verdadera amistad no se trata de…», y así quedarían las cosas en su sitio.

TRATARSE DE, SIEMPRE EN SINGULAR

Además, como sucede con los demás verbos impersonales, tratarse de se conjuga siempre en tercera persona de singular, precisamente porque no hay sujeto alguno que pueda obligarle a variar en número o persona. No vale, pues, concordarlo con su complemento, cuando este va en plural: * En seguida comprendió que se trataban de naves enemigas. Veámoslo en este párrafo de un texto periodístico, escrito por un redactor de elmundo.es.

SE TRATA DE-03

Este último ejemplo invita a la reflexión. En general, las confusiones gramaticales no parecen chapuzas aisladas, sino un síntoma entre otros de falta de preparación por parte de quien escribe. Cuando en un blog de contenido cultural encuentro errores graves de ortografía y construcción, lo suelo cerrar sin demasiados miramientos: nadie que escriba tan mal puede haber adquirido conocimientos que me inspiren confianza.

Es cierto que el texto anterior sobre la tuberculosis no contiene errores graves, pero suma al de concordancia en número, ya señalado, otro de concordancia en género (* De las 9,6 millones de personas…). Al leerlo, tiendo a sospechar que la falta de rigor gramatical irá acompañada de otras carencias, entre las que me preocupa especialmente la falta de rigor informativo. El resultado es que llego a desconfiar del artículo en sí. ¿De verdad se ha documentado el periodista, o habrá escrito bajo la presión del tiempo o la mirada apremiante de un jefe?

Diréis que padezco de metículos gramaticales o prejuicios culturales, cosa que no negaré, pero sinceramente creo que hay algo más. A los plumíferos de la información se les puede exigir con todo derecho que hayan leído mucho y de buenos autores, igual que les exigimos fiabilidad en las fuentes y cierto grado de especialización en los asuntos que tratan. Una parte de nuestra visión de la sociedad y el mundo se apoya en su obra: el periódico, que no deja de ser un aglomerado de informaciones reunidas al sprint en un puñado de horas por un puñado de desconocidos. Todo lo que conocemos de la mayoría son sus destrezas de expresión, de modo que estas se convierten en su primera garantía de credibilidad. Sí, credibilidad. Después de todo, leer el periódico no es un acto cualquiera; se trata de un auténtico acto de fe.

Profesor LÍLEMUS

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