Los nombres de personajes de los cuentos infantiles suelen traducirse al español desde las lenguas originales. Alguna vez, no muchas, se trata de nombres propios usados en esos idiomas. Tal es el caso de Kay y Gerda en “La Reina de las Nieves”, del danés Hans Christian Andersen (1805-1875), que quedan como Carlos y Margarita, o el de los numerosos Hans (Hans im Glück, der starke Hans, der Eisenhans, der Spielhansl) de los alemanes Jacob y Wilhelm Grimm (s. XIX), que se suelen traducir por nuestro castizo Juan. La excepción más notable la protagonizan Hänsel y Gretel, que podrían haber sido muy bien Juanito y Margarita (y de hecho lo fueron en las ediciones antiguas).

Juan con suerte-Grimm

A menudo los personajes ni siquiera tienen nombre propio. El más conocido de Andersen es nombrado invariablemente den lille Havfrue (la Sirenita), y en “La Bella Durmiente” el francés Charles Perrault (1628-1703) se refiere a su protagonista simplemente como la Princesse. Términos como el hijo menor, la reina, el padre o el sirviente se consideran suficientes en muchas narraciones.

Cuentos infantiles

Con todo, lo más frecuente es que los autores de los cuentos tradicionales hayan creado para sus protagonistas nombres peculiares y muy sugerentes, los cuales no hay más remedio que traducir si se quiere que los pequeños lectores de la versión española experimenten tales sugerencias. La Tommelise de Andersen (nombre creado sobre el danés tommel, ‘pulgar’) es Pulgarcita. Entre los de Perrault, Cendrillon será Cenicienta; Chaperon Rouge, Caperucita Roja; Petit Poucet, Pulgarcito; Riquet a la Houppe, Roquete del Copete; Peau d’âne, Piel de asno. Y en los cuentos de Grimm, Schneeweißchen und Rosenrot se traducen Blancanieve y Rojaflor; Daumesdick, nuevamente Pulgarcito; Schneewittchen, Blancanieves; y la Dornröschen de su “Bella Durmiente”, Preciosa Rosa. Todas son traducciones más o menos literales. Y cuando la cosa se complica, como en el intraducible Rumpelstilzchen (el Rumpelstiltskin inglés), se puede recurrir a soluciones originales: el Enano Saltarín.

Pero hay un caso verdaderamente llamativo, que muestra lo intraducibles que son de unas lenguas a otras las connotaciones de las palabras. Estaréis de acuerdo, por ejemplo, en que ciertos nombres españoles de árbol, como el magnolio, la mimosa o el eucalipto, tienen resonancias elegantes, mientras que otros, como el algarrobo, el chopo o el alcornoque, suenan francamente plebeyos. Se trata de sutilezas semánticas difíciles de catalogar, y más aún de traducir, pues estas sugerencias suelen cambiar al pasar de un idioma a otro.

Campanula rapunculus-Rapunzel
Campanula rapunculus o Rapunzel

Pues bien, eso es precisamente lo que sucede con la traducción del nombre RAPUNZEL en el cuento de los hermanos Grimm. El original alemán Rapunzel es la denominación de la Campanula rapunculus, una planta antiguamente muy apreciada por sus raíces bulbosas y por sus hojas, usadas en ensaladas. De hecho, en el cuento la madre de la muchacha, estando embarazada, se encapricha de los ejemplares que crecen en la casa vecina, habitada por una malvada bruja. Al ser sorprendido el marido robando las plantas, la bruja le exige la niña que les va a nacer, y que será llamada por eso mismo Rapunzel.

El problema es que Rapunzel en español se dice… RAPÓNCHIGO o incluso RUIPONCE, nombres que no parecen hacer juego con la linda muchacha de largos cabellos, a pesar de lo cual el segundo se empleó en algunas traducciones. Tal vez entonces era mayor la familiaridad de los niños con las plantas campestres, y el nombre Ruiponce estaba para ellos más cargado de resonancias vegetales y florales. Otro recurso ingenioso ha sido traducirlo como VERDEZUELA, de sonido musical y bellas sugerencias, pero –lo siento mucho- la verdezuela es una planta diferente.

Rapunzel-1
¿Rapónchigo? ¿Ruiponce? ¿Canónigo? Mejor Rapunzel.

En realidad, el nombre Rapunzel también se aplica en lengua alemana a una especie vegetal distinta: la Valerianella locusta, cuyas hojas son otro apreciado ingrediente tradicional de ensaladas. Pero el problema persistiría, ya que esta planta es en español nada menos que el clásico… CANÓNIGO.

Así que mejor mantenemos a la chiquilla su nombre teutón original, cuyo exotismo cuadra bien con el rubio deslumbrante de su generosa cabellera. Y nos dejamos de líos. Pero conste que renunciamos a resolver el problema de fondo, pues en alemán la palabra no deja de ser el nombre de una planta campestre y resuena, por lo tanto, de un modo diferente. ¡Qué difícil es traducir una sugerencia!

Profesor LÍLEMUS

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