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Las palabras no suelen vivir aisladas en el idioma: la inmensa mayoría forma familia (las llamadas familias léxicas) con aquellas otras creadas a partir de la misma raíz. Hoy haremos una visita a la familia de la raíz -VERD-, cuya cabeza visible es la palabra verde (procedente del adjetivo latino viridis, de igual significado, que ya en latín se decía virdis). No es mi intención presentaros a todos los miembros de esta numerosa prole, sino más bien daros a conocer algún pariente insospechado.

Cloro, verderon y jilguero

Para empezar, será útil marcar la distinción entre verde, verdoso (‘que tira a verde’) y verdusco (‘que tira a verde oscuro’). Verderón es sinónimo de verdoso, y por eso se llama así (o también verderol) a cierto pájaro de plumaje verde. Su nombre científico es Carduelis chloris, formado sobre χλωρός (khlorós), que es el nombre griego del color verde claro. Ahora ya sabéis también por qué se llama cloro al elemento químico de número atómico 17.

BerzaLa palabra verdura fue sinónimo habitual de verdor, como nos enseñan Gonzalo de Berceo en el siglo XIII (“La verdura del prado, la odor de las flores…) y Garcilaso de la Vega en el XVI (“…al pie d’una alta haya, en la verdura…”). Pero este sentido quedó en parte desplazado cuando verdura se generalizó como denominación de las hortalizas de hojas verdes. Estas eran nombradas en latín mediante el adjetivo viridis o virdis sustantivado en neutro plural: virdia, literalmente ‘cosas verdes’. De virdia viene, curiosamente, nuestra berza, con esa b antietimológica que disfraza su pertenencia a la familia. También a partir del latín, la palabra viridiarium (‘arboleda’) pasó al occitano antiguo (la lengua de oc) como vergier, de donde nuestro vergel, que es un huerto con variedad de flores y árboles frutales.

A la vara que se corta verde se la llamó en castellano del siglo XIII verdugo, palabra que pronto pasó a significar la vara de mimbre usada para azotar a delincuentes, sediciosos, rebeldes y enemigos varios. Los mimbres se doblan fácilmente sin romperse, por lo que resultan instrumentos idóneos para esta vieja práctica, hoy caída en desuso. Por una metonimia muy común (llamamos primer violín al violinista principal, o decimos de un escritor que fue una de las mejores plumas de su tiempo), hacia 1400 el verdugo era ya el alguacil que ejecutaba la pena de azotes, y en el siglo XVII el que ejecutaba la pena de muerte. Hoy en día, al haber desaparecido los castigos públicos como ejemplo y espectáculo para el populacho, se suele recurrir con idénticos fines a un instrumento distinto, llamado según los casos tertulia televisiva o artículo de prensa.

Verdugo

La rama verde usada como vara recibía en latín el nombre de virga. De ahí nuestra verga (sin guasas, por supuesto), que puede ser genéricamente una vara, o más precisamente la percha o palo horizontal que se usa en los barcos para asegurar una vela cuadra. De ahí que al ancho de la vela se le llame envergadura, y por metáfora también a la distancia de los brazos humanos completamente extendidos en cruz.

Fragata con velas cuadras envergadas.

Fragata con velas cuadras envergadas.

Además, el latín virga pasó al francés como verge, y del francés al español del siglo XVI como verja, que en origen era cada una de las barras de un enrejado, pero acabó designando el enrejado mismo.

“Verja” solía usarse en plural (“las verjas”) cuando todavía designaba cada barrote de un enrejado.

Y como habrá que terminar esta rueda etimológica, voy ya cerrando no sin antes explicar por qué llamamos chistes verdes a los indecentes y obscenos. Este sentido de la palabra se usó primero en la frase paradójica viejo verde, que en origen aludía a los vejetes que en su estado de forma se mantienen vigorosos. Verde significa ahí ‘lozano, juvenil, fresco’. Pero el lenguaje es tan malicioso como puedan serlo sus hablantes, y la palabra derivó pronto hacia el sentido de ‘inmaduro’. Ya Quevedo a principios del XVII se burlaba de uno que se teñía las canas de la barba en su romance “Viejo verde, viejo verde, más negro vas que la tinta”. Y como a menudo el viejo lozano muestra inclinación al galanteo y a tontear con jovencitas, el paso del tiempo cargó las tintas sobre su figura, que se adornó de un oscuro trasfondo lujurioso. Un cambio semántico parecido se da en fresco, que ha acabado siendo sinónimo de desvergonzado. Y así fue como el adjetivo verde se popularizó para calificar chistes, novelas o comedias picantes, que, por cierto, en la tradición española habían sido de toda la vida colorados. Curiosamente este malicioso sentido corresponde al color azul en inglés, donde los chistes y comedias subidos de tono son llamados blue jokes y blue comedies. En fin, cualquier color vale cuando se trata de poner verde al vecino.

Profesor LÍLEMUS

Si te ha gustado esta rueda etimológica y no temes empacharte, puedes probar alguna de las siguientes:

Vaya corte (sobre el concepto de cortar).

Prestidigitaciones (sobre el concepto de peso).

Rutas, rutinas y derroteros (sobre el concepto de ruta).

Con mucho tacto (sobre el concepto de tocar).

La colita viajera (sobre el concepto de cola).

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