La gramática no es un simple conjunto de mecanismos más o menos inconscientes que rigen la construcción de las oraciones del idioma. La gramática dice mucho de nosotros, como pueblo y también como individuos.

Las Meninas-VelazquezImaginaos en el Museo del Prado, contemplando “Las meninas” junto a un visitante inglés que expresa en voz alta: “I like this painting”. Tal vez os dé por replicar: “A mí también me gusta este cuadro”. Y seguramente tendréis la impresión de haber hecho la misma afirmación que él, redoblada, eso sí, con cierto tonillo de orgullo patrio. Pero no. La oración inglesa está encabezada por un rotundo pronombre personal (“yo”) que actúa como sujeto gramatical; en la oración española, en cambio, el pronombre equivalente (“mí”) actúa como simple complemento (indirecto, para más señas), mientras que el papel de sujeto –timón y mando de la oración- está reservado a “este cuadro” (lo sabemos porque, puesto en plural, obligará al verbo a cambiar igualmente al número plural: “Me gustan estos cuadros”. El verbo imita siempre al sujeto).

Estas pequeñas disparidades sintácticas suponen una importante diferencia de puntos de vista entre ambas lenguas. La construcción inglesa da a entender que es la sensibilidad del observador (“yo”) la que sabe apreciar la belleza del cuadro, quedando este como un simple complemento (directo, en este caso); en la española parece ser el cuadro mismo el que, haciéndose con el timón de la sensibilidad (“el cuadro gusta a mí”), sabe atraerla hacia las formas, la composición, la profundidad, los matices creados por Velázquez.

Veamos otra muestra del mismo fenómeno. En la oración “Se me ha roto el jarrón” hay un reparto similar de funciones: el jarrón es sujeto (en plural: “Se me han roto los jarrones”) mientras que el pronombre personal “me” es simple complemento. Como habréis apreciado, al hablar así estamos centrando en el utensilio el protagonismo del accidente, quedando nosotros muy convenientemente al margen de él, casi como simples testigos de la fragilidad del jarrón de porras. En verdad sería más honesto por nuestra parte usar la primera persona y reconocer: “He roto el jarrón. Lo siento”. Al fin y al cabo, somos nosotros quienes –está claro que sin mala intención- lo hemos tirado al suelo.

jarron roto

La lengua española está llena de esta clase de triquiñuelas: “Se me ha escurrido el vaso de las manos”, “Esta camisa ha desteñido”, “Me han salido mal los cálculos”. Todo ello sin ningún error por nuestra parte, ni al sostener el vaso, ni al programar la lavadora, ni al resolver el problema. Decimos “Me han fallado los cálculos” con total desparpajo, como si nos hubiera fallado nuestro fontanero habitual. Yo os recomiendo que, en situaciones así, construyáis la frase poniéndoos vosotros mismos como sujeto: “He dejado caer el vaso”, “He desteñido la camisa”, “Me he equivocado en los cálculos”. Al principio os encontraréis con la sorpresa de vuestro interlocutor, pero a la larga os ganaréis su admiración y respeto. Y si alguna vez os sucede algo así en el trabajo, mi recomendación es la misma, aunque es posible que vuestro jefe no sea tan comprensivo como el de la siguiente anécdota.

Apollo-Modulo LunarResulta que al repartir la jugosa tarta del Programa Apollo, la NASA adjudicó la construcción del Módulo Lunar a la Grumman Aircraft Engineering Corporation. Pero el diseño de esta nave, encargada del descenso a la superficie lunar, iba muy retrasado en relación con los demás componentes del proyecto. Entre otros muchos defectos, en las pruebas realizadas las patas no resistían el impacto de la nave contra el suelo. Uno de los ingenieros responsables de su diseño descubrió una tarde, revisando cálculos hechos meses atrás, que había cometido un error en las cifras. Angustiado, esperó largo rato hasta que el director de la Grumman, Tom Kelly, se quedó solo en su despacho. Al plantarse por fin ante él y reconocer de plano su equivocación, el jefe le miró largamente y le dijo:

-Vete a tu casa…

thomas j kelly-lunar moduleEl empleado, aparentemente despedido, giró abatido sobre sus pasos. Pero antes de que llegara a la puerta, Kelly añadió:

-Y descansa un poco. Es verdad que los cálculos estaban mal, pero ahora has hecho algo bueno. Si todos reconocemos nuestros errores, tenemos alguna posibilidad de llegar a la Luna. En caso contrario no llegaremos ni a Nueva Jersey.

Tal vez vuestro jefe no reaccione tan sensatamente. Pero si esto sucede, entonces no se merece empleados leales como vosotros. Se merece un jeta que calle y con aires de víctima piense para sí: “Vaya. Otra vez me han fallado los cálculos”. Los muy perros.

Profesor LÍLEMUS

[Con afecto para los profesores del colegio Retamar (Madrid) que esta mañana han asistido a mi sesión sobre la expresión escrita. Su entusiasmo y buen hacer son un tesoro incalculable, difícil de agradecer como se merece.]

Si queréis leer más anécdotas de las misiones Apollo, podéis probar con estas:

GANAR UNA APUESTA EN LA LUNA.

UN PROFESOR “EN LA LUNA”.

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