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Estrella fugazSi en la última semana de julio habéis visto en el cielo nocturno estrellas fugaces, es muy probable que fueran las primeras de la lluvia de meteoros que los astrónomos llaman Perseidas y la gente común, Lágrimas de San Lorenzo. Esta lluvia de estrellas resulta del paso de la Tierra por el rastro de meteoroides (enseguida lo explico) que deja a su paso el cometa Swift-Tuttle, cuyo periodo orbital es de 133 años. Por tratarse de un cuerpo grande (24 km, más del doble del asteroide que mató a los dinosaurios), su nube de restos es muy abundante y extensa. De hecho, nuestro planeta tarda más de un mes en cruzarla de un extremo a otro: la lluvia empieza a “gotear” hacia el 17 de julio y se extingue más o menos el 24 de agosto, alcanzando su pico el 12 o 13 de este mes, cerca de la fiesta de San Lorenzo, que es el día 10. Esta posición en el año, durante el verano del hemisferio norte, la ha convertido en la lluvia más popular del año, aunque en realidad no sea la más importante.

QUÉ SON LAS ESTRELLAS FUGACES

Para entender cómo se forman las estrellas fugaces, es preciso saber que el espacio interplanetario está recorrido por objetos sólidos de pequeño tamaño llamados meteoroides. Por “pequeño tamaño” se entiende el que va desde una partícula de polvo a un pedrusco de aproximadamente un metro. Por encima de esto, los astrónomos ya empiezan a hablar de “asteroides”.

Meteoroides

Las estrellas fugaces se originan por la colisión de meteoroides con la atmósfera terrestre, que impacta contra ellos mientras viaja pegada a la Tierra por el espacio a una velocidad orbital media de 29,8 km/s. Estos meteoroides pueden tener origenes diversos, pero los que dan lugar a estrellas fugaces suelen proceder de cometas. Como sabréis, un cometa es una aglomeración de polvo y rocas de varios tamaños adheridas entre sí por hielo de diversos compuestos (agua, amoniaco, monóxido y dióxido de carbono, metanol…). Estas “bolas de nieve sucia”, como las llamó el astrónomo estadounidense Fred Lawrence Whipple, describen alrededor del Sol órbitas muy excéctricas. Para que os hagáis una idea, la proporción entre el perihelio de la órbita de la Tierra (el punto de máxima aproximación al Sol) y su afelio (la máxima lejanía) es de 1:1,03 (una elipse casi circular), mientras que en el caso de los cometas puede ser de 1:60 (cometa Halley), 1:400 (cometa Hale-Bopp) e incluso 1:18.000 (cometa Hyakutake). Por su excentricidad, la figura de estas elipses siempre me ha recordado a la que forma un yoyo cuando lo hacemos ir y venir en torno a la mano.

Cometa-Yoyo

Mientras el cometa se encuentra lejos del Sol, el frío del espacio lo mantiene “dormido”, pero cuando se aproxima a nuestra estrella se produce un verdadero despertar: al calentarse, la capa de hielo superficial se funde y libera gases que se ionizan y dan lugar a la característica cola visible del cometa.

Comet Churyumov-GerasimenkoAdemás, el hielo al fundirse deja de actuar como aglutinante y se desprenden del núcleo algunos fragmentos de polvo y roca, que quedan libres en el espacio y se convierten así en meteoroides. Por “libres” no quiero dar a entender que queden flotando quietos: aunque la violencia del viento solar es capaz de dispersarlos por el espacio circundante, cada fragmento continúa moviéndose en una órbita similar a la del propio cometa. De esta manera, el camino de un cometa queda sembrado de materiales procedentes de su superficie que viajan a gran velocidad.

Dada la enormidad del espacio, la inmensa mayoría de los cometas orbitan alrededor del Sol sin acercarse a nosotros, pero en el caso de unos pocos resulta que su órbita y la de la Tierra se intersecan aproximadamente en un punto. Este “aproximadamente” hace que el riesgo de colisión de la Tierra con estos gigantes rocosos sea bajo, aunque en 1994 el cometa Shoemaker-Levy acabó espectacularmente sus días estrellándose contra otro planeta: Júpiter. En cambio, son frecuentes los encuentros con las inmensas nubes de restos que dejan a su paso. Dado que nuestro planeta pasa por los mismos lugares del espacio con frecuencia anual, estos encuentros (que dan lugar a lluvias de estrellas) son periódicos y previsibles.

El rastro de meteoroides del cometa Swift-Tuttle origina las Lágrimas de San Lorenzo (imagen de horizonteaparente.diariolibre.com).

El rastro de meteoroides del cometa Swift-Tuttle origina las Lágrimas de San Lorenzo (imagen de horizonteaparente.diariolibre.com).

POR QUÉ LOS METEOROIDES SE VUELVEN LUMINOSOS

Estas pequeñas partículas procedentes de los cometas (normalmente van desde granitos de arena a pequeños guijarros) viajan por el vacío del espacio a velocidades enormes, que pueden llegar a los 100 km/s. Al chocar con las capas altas de la atmósfera de la Tierra (que por su parte viaja a unos 30 km/s), comprimen violentamente el aire que encuentran a su paso y lo calientan, tanto que este puede a su vez calentar el meteoroide y fundir su superficie. Al fundirse, se liberan sustancias químicas, algunas de las cuales emiten luz cuando alcanzan temperaturas elevadas. De esta manera los meteoroides brillan momentáneamente, dejando a su paso una estela luminosa y convirtiéndose así en lo que los científicos llaman meteoros y nosotros, estrellas fugaces.

Tal vez os hayáis preguntado cómo de larga es la estela que vemos en el cielo. Pues bien, aunque las estrellas fugaces duran una fracción de segundo, su velocidad es tan alta, que durante ese instante recorren un espacio de varios kilómetros. Si las vemos pequeñas es solo porque tienen lugar a alturas enormes sobre nuestras cabezas, de entre 75 y 100 km.

CUÁL ES LA MEJOR HORA PARA VER ESTRELLAS FUGACES

Por desgracia, el mejor momento para observar una lluvia de estrellas es la segunda mitad de la noche, acercándose al amanecer, ya que es entonces cuando son más numerosas. Para entenderlo, podéis empezar por echar un vistazo a la siguiente imagen. La diseñé para la entrada “La luna de un amor de verano”, pero nos va a servir hoy para imaginar la Tierra como un gigantesco reloj giratorio donde cada lugar va pasando a lo largo del día y de la noche por todas las horas posibles. Os pido que os fijéis en concreto en los puntos donde está amaneciendo (las 6) y anocheciendo (las 18), que por efecto de la rotación terrestre (la flecha circular blanca) son puntos siempre cambiantes.

28-Tierra vista desde el polo

Si a esta imagen le añadimos el sentido de la órbita terrestre (la flecha azul de la imagen que sigue), veréis que la Tierra avanza por el espacio como una nave cuya proa coincide aproximadamente con el punto donde está amaneciendo, y que tiene siempre el Sol en la banda de babor. Por efecto de la rotación terrestre, estos puntos cambian constantemente, de modo que entre el anochecer y el amanecer vamos pasando sin movernos del sitio desde su popa hasta su proa.

Tierra vista como una nave-vehiculo

Para la idea que nos ocupa, sin embargo, vamos a imaginar la Tierra no como una nave, sino como un vehículo de motor. Cuando viajamos en coche en un día de lluvia, las gotas son más numerosas e impactan con más fuerza sobre el parabrisas delantero que sobre la luna trasera, y lo mismo sucede en el caso de las lluvias de estrellas. Téngase en cuenta que el vehículo de la Tierra avanza por el espacio a gran velocidad: tarda unos siete minutos en recorrer su propio diámetro. Por eso las estrellas fugaces son más abundantes en la segunda mitad de la noche.

La nave de la Tierra vista por la parte de proa. Veréis que hay verano en el hemisferio norte y la Luna está en cuarto menguante.

La “nave” de la Tierra vista por la parte de proa (el amanecer). Tened en cuenta que tanto la rotación terrestre como su órbita en torno al Sol, que se encuentra a la derecha, suceden en sentido antihorario. También es antihoraria la órbita de la Luna; por eso en la imagen nuestro satélite está en cuarto menguante, avanzando hacia su conjunción con el Sol (o luna nueva).

Así que este verano podéis elegir un día en torno al 12 de agosto y prepararos para trasnochar un poquito en una larga y bien acompañada sobremesa. Cuando os dispongáis a mirar el cielo, os recomiendo echaros en una tumbona, lo que impedirá que acabéis con dolor de cuello, y lejos de edificios o árboles que estorben el panorama.

No debéis obsesionaros con trasnochar a toda costa: a cualquier hora podréis ver varios meteoros. Pero sí debo aclarar que, cuando antes he hablado de la segunda mitad de la noche, me refería a la que empieza con la medianoche verdadera, no con la del reloj (la hora oficial). Para que os hagáis una idea, la medianoche verdadera del día 12 recorrerá España entre la 1:55 a.m. de Gerona y las 2:40 a.m. de Vigo. Si os orientáis hacia el NE, donde estará la constelación de Perseo, que da nombre a la lluvia, las posibilidades de ver estrellas fugaces son mayores.

Os deseo cielos despejados y venturosos.

Profesor LÍLEMUS

[Para Patichou Louit, que disfruta como nadie de las noches de estrellas]

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