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Retrato-de-Jose-del-Rio-Pick-2Hace años daba yo por supuesto que el marino, poeta y periodista santanderino José del Río Sainz (1884-1964), alias Pick, era natural de Bilbao. Si un hombre tiene nietos bilbaínos y ha cantado en versos a la ría de Bilbao (“la ría ha visto el humo de mi primera pipa / esa pipa romántica de fanfarrón grumete”), tendrá que ser bilbaíno, ¿no? Pues no. Además de Bilbao, su obra poética nos desembarca en puertos de los siete mares, pero solo a Santander, en un poema de expresivo título (“Regreso”), le dijo:

     Otra vez, Santander, aquí me tienes
     descansando en la paz de tu bahía;
     ¡dame, para ponérmela en las sienes,
     la corona de tu melancolía!
 

En mi infancia, aun antes de haber leído verso alguno de Juan Ramón Jiménez, ya conocía (lo había aprendido de memoria) su lugar y fecha de nacimiento: Moguer, mil ochocientos ochenta y tantos. Es lo que tienen los poetas de postín. Pero a Pick no lo conocí en los libros de texto, sino en las conversaciones con mi padre, otro forastero que ha dado a Bilbao al menos tanto como de Bilbao ha recibido, y al que le gusta recitar su soneto “Las tres hijas del capitán”. Luego lo volví a conocer en las conversaciones con sus biznietos Eduardo y Gonzalo, cuando les tocó chupar pupitre en mis clases de Literatura. Y ellos mismos lo habían conocido en las conversaciones con Cristina, su madre, que tiene una sensibilidad fuera de lo común y anda perdidamente enamorada de la obra, la figura y la persona del abuelo materno. No es para menos.

Pues bien, justo ayer se cumplió un año del nacimiento del Club de Prensa Pick Santander, que como veis lleva puesto su seudónimo, y justo antes de ayer, comiendo con mi padre, supe que pensaban celebrar el aniversario con una ofrenda floral ante su estatua en la santanderina curva de La Magdalena. Y pensé: “Cojo el cohe y me presento allí”. El problema es que el coche lo tenía cautivo mi concesionario para una revisión mal gestionada y no me lo entregaron hasta las 12:30 de ayer. Salir a esa hora de Bilbao para llegar con suerte al humo de las velas de un acto que empezaba a la 1:00 le habría parecido descabellado a cualquier mente sensata, pero en mi caso Santander, como buena chica bonita, justifica esta clase de disparates.

Homenaje a Pick-2

Después de malaparcar la máquina donde pude, caminaba a buen paso por delante de la playa del Sardinero, ya resignado a encontrar la estatua vacía pero recreándome en la belleza del mar santanderino (¿de verdad es el mismo que baña Bilbao?) y en aquello de que “llevar un libro a la playa es como llevar un álbum de postales al museo del Prado”, escrito por Pick en su columna periodística “El aire de la calle”. Y de pronto me cruzo nada menos que con tres Uruñuela del Río (Cristina, Cosme y mi querido Diego, de quien también fui profesor) que en efecto han dejado la estatua vacía y encabezan la comitiva hacia el Hotel Sardinero. Saludos, besos, presentaciones. Aquí Íñigo de la Serna, alcalde de Santander; aquí Álvaro Alonso, profesor de Lengua. También los miembros del Club de Prensa, presididos por Miguel del Río (pero de un río diferente, sin confluencia de parentesco con Pick).

Homenaje a Pick

Ya en el bar del hotel, Manuel Ángel Castañeda, otro C-Pick (así se llaman a sí mismos) que además preside el Ateneo de Santander, cuenta una anécdota divertida sobre el descuido personal de Pick. Parece que un día, comiendo con el también poeta santanderino Gerardo Diego, este le apremió:

-En cuanto hayas acabado, nos vamos.

-Pero si ya he terminado…

-Nada de eso. Todavía te queda ese fideo de la solapa.

Santander 23 Julio 2015

Para cuando quiero darme cuenta, Cristina ha movido hilos a mis espaldas y me ha colado en la exclusiva comida de celebración del Club. Ya se ve que tiene la bondad heredada del abuelo. En el comedor se suceden vídeos, conmemoraciones, discursos de tono emocionado. Sale también Cristina a decir el suyo, un poco agobiada por los nervios, sin caer en la cuenta de que los nervios tienen la virtud de hacer patente para el público toda la autenticidad que contienen las palabras. La obra de su abuelo es precisamente una llamada a la autenticidad, que él veía plasmada en el mar indomable, el de mar adentro: “El que no ha visto el mar más que desde la playa, es como el que no conoce otras flores que las de invernadero”.

La comida resulta encantadora y, como suele decir un amigo mío, “muy alimenticia” (qué bien sirven en el Hotel Sardinero). A mi izquierda, la santanderina Marta Aguiar, que también ha sido invitada, ha asumido el cariñoso papel de ser mi anfitriona particular. Inmejorable. Voy conociendo a Gervasio Portilla, todo sorna, director de Popular TV Cantabria, al extremeño Antonio Mora, todo gentileza, amante de la música y uno de los creadores de Radio Nervión, a José Ángel San Martín, Mela Revuelta, Carlos Paniagua, José manuel Caldera. Así hasta veintinueve. Los C-Pick son la élite del periodismo cántabro, una élite conversadora, entretenida y muy acogedora, que anda metida en la importante faena de revitalizar Cantabria. Y han elegido como bandera a José del Río, con cuyos insobornables artículos de prensa en La Atalaya y La voz de Cantabria podría escribirse una historia del Santander de su tiempo.

Segundo vapor de nombre

Segundo vapor de nombre “Uribitarte” que tuvo la Vasco-Cantábrica (1922). El primero es el del soneto.

Según cuenta mi padre, cuando Pick era piloto de la Vasco-Cantábrica de Navegación, navegaba en el vapor Uribitarte, cuyo capitán, don Félix Estarellas, vivía en una casa de Luchana con vistas a la ría de Bilbao. Al pasar el barco por delante, sus tres jóvenes hijas saludaban desde el balcón para regocijo de toda la tripulación. Y así nacieron los versos más conocidos de Pick, que dicen:

     Era muy viejo el capitán, y viudo
     y tres hijas guapísimas tenía;
     tres silbatos, a modo de saludo,
     les mandaba el vapor cuando salía.
 
     Desde el balcón que sobre el muelle daba
     trazaban sus pañuelos mil adioses
     y el viejo capitán disimulaba
     su emoción entre gritos y entre toses.
 
     El capitán murió… Tierra extranjera
     cayó sobre su carne aventurera,
     festín de las voraces sabandijas…
 
     Y yo sentí un amargo desconsuelo
     al pensar que ya nunca las tres hijas
     nos dirían adiós con el pañuelo.
 
 

Esta versión del soneto es de 1912 y tuvo un éxito inmenso. Pero lo cierto es que al poeta nunca le dejó satisfecho. Cuarenta años más tarde quiso reescribirlo y quitarle algún ripio, y su amigo don José María de Cossío le advirtió que no lo hiciera, que solo conseguiría quitarle la gracia. Pero lo hizo: le quitó los ripios y una parte de su gracia. Olvidaba Pick que los poemas, una vez publicados, ya solo pertenecen al escritor de un modo muy limitado. Y el suyo hacía tiempo que se lo habían apropiado, con sus ripios y sus brillos, capitanes de barco, marinos y toda clase de aficionados a la poesía sencilla y entrañable: el pueblo. La propia estatua de Pick en la curva de La Magdalena fue promovida por el Ateneo mediante suscripción popular, en los tiempos en que estas cosas se decidían en asociaciones y tertulias y no en las sedes de los partidos políticos. A un escritor lo avalan sus lectores.

Club de Prensa PickEn algún momento del festejo pensé en tomar la palabra y expresar mi agradecimiento, pero la reunión se había vuelto un archipiélago de conversaciones que no quise perturbar. ¿Qué les habría dicho? Pues más o menos que muchas gracias por la invitación, felicidades por el aniversario, buena suerte para el futuro, y sobre todo la humilde petición de que no dejen de respirar en su labor periodística y cultural “el aire de la calle”. El propio Pick se desplazaba en tranvía y sabía bien que “el que va a la playa en automóvil propio es como el que se baña con chaleco salvavidas. Elimina el riesgo y la emoción”. En los tiempos de José del Río, como en los nuestros, la dignidad pública la mantienen a raya los buenos periodistas. Y Pick, al igual que el mar, es buen modelo del periodismo de altura. Por decirlo con sus palabras, “si no existiese el mar, los hombres tendrían que bañarse en el polvo”.

Profesor LÍLEMUS

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