Cuando un hispanohablante emplea la palabra cruz, tiende a imaginar en su significado la figura formada por dos líneas que se cortan perpendicularmente. Este vocablo procede del latín crux, por lo que aparentemente se trata de dos momentos distintos de la misma palabra; pero sucede que cuando un romano imaginaba su significado, en general no le venía a la mente la idea de líneas que se cortan, sino la imagen mental de un suplicio con derramamiento de sangre. Curioso, ¿verdad? Pues de esto va la entrada de hoy.

Cruz-crux

Habrá que aclarar desde el principio que el significado de las palabras no consiste en su definición de diccionario, ni mucho menos en los objetos que designan. Una palabra significa la imagen mental que nos formamos del objeto designado, y la función de la definición no es otra que ayudarnos a delimitar (definir procede de finis, que significa ‘límite’) el concepto que es pertinente asociar con una determinada secuencia de fonemas.

Esto, que es válido para todas las lenguas, adquiere matices peculiares en las llamadas sintéticas, tipo al que pertenecen el castellano y el latín. En ellas las palabras están formadas por una raíz que aporta la significación básica del signo y por eventuales morfemas que la complementan y modifican (prefijos, sufijos, desinencias de género y número, de caso, persona…). Esto permite agruparlas en familias de palabras que comparten una misma raíz y, en general, un significado básico común.

Cruz-Familia lexica

Pensemos en la familia léxica castellana de la palabra cruz. En algunos de sus miembros se conserva el significado primitivo de ‘instrumento de suplicio’: así en crucifijo, crucificar y crucifixión, formados con el añadido del latín figere, ‘clavar’. Pero en la mayoría de ellos funciona otro significado figurado donde la cruz es vista como una sencilla figura formada por dos líneas que se cortan (tengo que hacer un esfuerzo para no decir que se “cruzan”): así lo vemos en cruce (‘punto donde se cortan dos líneas’), cruzar (‘atravesar’), cruzamiento (‘acción de aparear animales de distinta procedencia para mejorar las castas’) entrecruzar (‘cruzar dos o más cosas entre sí, enlazar’), encrucijada (‘lugar donde se encuentran dos o más calles o caminos’ y ‘situación difícil en que no se sabe qué conducta seguir’). Esta misma figura de líneas atravesadas es perceptible en crucigrama. Más complicada es la explicación del adjetivo crucial, aplicado a situaciones o momentos críticos o decisivos, que exigiría una entrada propia.

Cruz-Cruce de caminos

Observad bien cómo funciona este fenómeno: al usar en un enunciado el verbo cruzar, tendemos a imaginar la figura de una cruz, cosa que no sucede al emplear sus sinónimos atravesar, cortar, entrelazar, rebasar (una línea) o recorrer (un terreno). La raíz de una familia de palabras dota a sus miembros de una significación común, a menudo compleja, y tiene la propiedad de mantener a los miembros semánticamente unidos, igual que un sistema planetario queda ligado a su estrella central por la acción de la gravedad.

Esta idea nos facilitará el análisis del significado de la palabra latina crux (genitivo crucis), que como ya sabemos es el étimo de nuestra cruz. Aunque no parecen etimológicamente emparentadas, crux guarda una sorprendente semejanza fonética con cruor, y un romano por fuerza tenía que asociar semánticamente ambas palabras. Cruor designa la sangre derramada, por oposición a sanguis (genitivo sanguinis), que posee el significado genérico de ‘sangre’. Por eso a la carne sangrante la llamamos cruda, y a una persona sanguinaria la llamamos cruel (del latín crudelis). Del mismo modo, si hablamos de una batalla o un episodio cruentos, estamos diciendo de ellos que son sangrientos.

Cruz-Formas variadasToda esta acumulación de sangre debía de resonar en crux y el resto de palabras de su familia léxica. Hay que decir que el concepto romano de la cruz es más amplio que el castellano, lo que se observa en sus derivados cruciamentum (‘tormento, sufrimiento’) y cruciatus (‘tortura, suplicio’). En el mundo romano, el condenado a muerte era atado o clavado a un madero vertical, a un árbol, a un armazón de madera o simplemente a una pared, a menudo previa flagelación, y dejado allí hasta su muerte. Esta era generalmente lenta (podía durar desde unas horas hasta varios días) y se producía por diversas causas, a menudo “entrecruzadas”: hemorragia, asfixia, deshidratación, fatiga, septicemia, insolación. El instrumento del suplicio podía ser un simple madero vertical, o bien combinaciones diversas en forma de X, Y o T. Pero no faltan documentos en los que la crucifixión se producía mediante empalamiento. La forma de T se conseguía mediante un poste vertical fijado en el suelo, al que se adaptaba como travesaño horizontal un yugo de madera (el patibulum) que el condenado debía cargar sobre los hombros hasta el lugar del suplicio. Este último parece el medio empleado para la ejecución de Cristo.

Cruz-Patibulum

Hay un hecho lingüístico muy revelador que resume perfectamente la transformación semántica que va de crux a cruz: cruciare significó en latín ‘torturar, atormentar’, pero al convertirse en el castellano cruzar sufrió un cambio de sentido donde la idea que domina es la de líneas atravesadas.

Cruz-Mel Gibson-CartelY esto, como suele suceder en etimología, nos revelará un sentido profundo sobre la crucifixión de Cristo. Recuerdo que, coincidiendo con el estreno de la película “La Pasión” de Mel Gibson, se creó una machacona polémica internacional y nacional que la destacaba como una obra “extremadamente violenta”. En vano he esperado esta machaconería de los mismos polemistas cada vez que se ha estrenado, por ejemplo, la última de Álex de la Iglesia; en su lugar, tendían a centrarse en las virtudes artísticas de los filmes, que es lo que un crítico sano hace ante una obra de arte. Si lo que querían era interpretar desapasionadamente la película, quienes levantaron aquella polvareda debieran haberse detenido unos instantes en su primer fotograma, que recoge una oportuna cita del profeta Isaías: “He was wounded for our transgressions, crushed for our iniquities; by His wounds we are healed”.

Cruz-Mel Gibson

En la cruz vista como entrecruzamiento se transforma lo que pudo ser una inútil tortura sanguinaria y descorazonadora en un espacio de encuentro. En ella se entrelazan la horizontalidad de lo humano y la verticalidad de lo divino; ella compagina los brazos abiertos en horizontal, que parecen llamar y acoger a todos los hombres, con un cuerpo colgante y deshecho pero listo para emprender el vuelo vertical de la salvación. Y es que la cruz convierte por obra del sacrificio (sacrificio cruento, claro está) todas las realidades humanas en aspiraciones divinas. Nunca un derramamiento de sangre estuvo tan preñado de sentido.

Cruz-Procesiones

Escribo esta entrada en la noche de Lunes Santo, de vuelta de la procesión que recorre los barrios más humildes y deprimidos de la ciudad de Bilbao. Todavía llevo metido en los oídos el conmovedor acompañamiento musical de las cofradías, que transmite, mejor incluso que la procesión de las imágenes, este sentido de la Semana Santa. El sonido de los metales ascendiendo en la noche sobre el pesado fondo de los tambores tiene algo que recuerda a la cruz de la Pasión.

Profesor LÍLEMUS

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