Imaginad que os encontráis pasando una temporada en Francia por motivos de trabajo y habéis llegado a intimar con los lugareños. Un día en la oficina alguien se os acerca y, con ese tono de arrebatadora dulzura que en la moderna Galia dan a las palabras, os susurra la siguiente propuesta: “Je t’invite a ma fête de crémaillère” (Te invito a mi fiesta de cremallera). Al instante vuestra fantasía se pondrá a dar volteretas imaginando que os están proponiendo un plan pirata. Pero lo cierto es que no: ya podéis ir volviendo hacia el suelo a posaros humildemente en vuestra existencia. Lo que sucede en realidad es que esa persona acaba de mudarse de casa y quiere invitaros a su fiesta de inauguración, lo que por otro lado no está nada mal. Y es que esta clase de festejos se llaman en francés “fête de crémaillère” o, más propiamente, “pendaison de crémaillère” (colgamiento de cremallera). ¿Qué cremallera es esta que puede colgarse y sirve para inaugurar viviendas?

Crémaillère-cadena celta fuegoComo el origen de las palabras difícilmente puede desligarse de la historia de las cosas, me temo que para explicar esta curiosidad tendré que someteros a una exposición histórica. En el remoto siglo VI a.C. los pueblos celtas del norte de los Alpes hicieron una aportación fundamental a la historia de la cocción. En una época en que la olla se posaba directamente en el cerco de piedras que protegen el fuego, a nuestros antepasados culturales se les ocurrió la novedad de colocar sobre él un trípode alto del que colgase el asa de la olla mediante una cadena terminada en un gancho. Con el paso del tiempo, a este original ingenio se fueron incorporando mejoras. Con un remate apropiado en su parte posterior, el gancho podía colgarse de cualquier eslabón de la cadena, lo que permitía regular la altura de la marmita y, consiguientemente, el calor que esta recibe.

crémaillèreMás tarde, al adaptar el artilugio a cocinas y chimeneas, el buen oficio de los herreros terminó reemplazando la cadena por una barra metálica dentada que cumplía esta misma función de manera más sólida, cómoda y eficaz. La barra recibió en Francia el nombre de crémaillère, formado a partir de cremail, palabra esta ya desaparecida que literalmente significó ‘colgador’. Cremail es evolución del latín vulgar cremasculum o cremaculum, que a su vez lo es del griego κρεμαστήρ (kremastér), de idéntico significado.

Cremallera de chimeneaPues bien, resulta que, según una costumbre francesa que se remonta a la Edad Media, al terminar la construcción de una casa se solía invitar a cenar a todos los que habían ayudado en los trabajos como un medio de agradecer su colaboración. Para esta fiesta se reservaba simbólicamente la instalación del último enser de la casa: precisamente la crémaillère que había de sostener la marmita de aquella primera cena. De ahí que la expresión “pendre la crémaillère” (‘colgar la cremallera’) significase tanto el hecho de ofrecer esta recepción como el de asistir a ella. Y todavía hoy, en este mundo nuestro de casas fabricadas en serie, se sigue usando para nombrar cualquier inauguración de una vivienda, aunque ya la cremallera haya desaparecido de las modernas cocinas y con ella el sentido original de la frase. Algo parecido pasa en inglés con la expresión equivalente (house-warming), que tiene su origen en la costumbre, a menudo olvidada, de que cada invitado aportase a la fiesta de inauguración un leño para encender el primer fuego de chimenea.

Cremallera-llaresEn realidad, al traducir crémaillère por cremallera estoy haciendo trampa, ya que, hasta donde yo sé, tal objeto carece de nombre castellano, al no haber sido nunca de uso común por estos andurriales. Tal vez podría traducirse por nuestra palabra llar (normalmente usada en plural: llares), pero este es propiamente el nombre de las cadenas de hierro que se usan para colgar la caldera sobre el fuego de la chimenea. Curiosamente las llares castellanas suelen recibir en otras áreas peninsulares nombres derivados del latín cremaculum y, por tanto, hermanos del francés crémaillère: gramalleira (Galicia), calamieres (Asturias), caramilleras (Cantabria), cremallos (Aragón), clamallers y cremallers (Cataluña). Recordemos que todos ellos comparten el sentido etimológico de ‘colgador’.

Y es que el vocablo francés no pasó al español hasta finales del siglo XIX, pero entonces lo hizo con un significado posterior que ya había adoptado en aquella lengua. En efecto, con el desarrollo del maquinismo se amplió el sentido de crémaillère para nombrar, por metáfora, la barra metálica con dientes en uno de sus cantos, diseñada para engranar con un piñón y convertir un movimiento circular en rectilíneo o viceversa. Es este el significado con el que nosotros tomamos la palabra (documentada en español por primera vez en el año 1884) y también el que explica, por ejemplo, el nombre del tren cremallera.

Cremallera y piñón

Más tarde, ya en el siglo XX, se llamó también cremallera a un tipo de cierre que se aplica a aberturas en prendas de vestir, bolsos y cosas semejantes. Consiste en dos tiras de tela guarnecidas de pequeños dientes que se traban o destraban por medio de un cursor metálico. Pero este es un sentido exclusivo del castellano que nunca ha existido en francés.

Cremallera de ropa

Así que, volviendo a la invitación imaginada al principio de esta entrada, ha llegado el momento de reconocer que nuestra cremallera de ropa se llama al otro lado de los Pirineos fermeture éclair (‘cierre relámpago’) o, más asépticamente, zip. Y esto, al hacer imposible el doble sentido antes sugerido, impide que quien os ha invitado a la fiesta llegue a entender esos ojillos de complicidad que le habéis puesto. Lo siento: a veces me gusta poner títulos provocativos para incitaros a leer.

Cremaillere pendaison

Sea como sea, si os encontráis con una invitación así, no se os ocurra rechazarla, por lo que más queráis. En Francia surgen de modo espontáneo muchos de los mejores especímenes de anfitrión del mundo occidental, y asistir a la pendaison será un placer exquisito. La hospitalidad de un francés bien educado es cálida y acogedora como un fuego de chimenea, y vosotros tendréis la oportunidad de alimentarlo con el relato de la vieja costumbre que os acabo de contar. Además comprobaréis que la mayoría de los invitados no saben por qué el festejo al que asisten se llama pendaison de crémaillère: los objetos que van desapareciendo suelen llevarse consigo bellas historias olvidadas.

Profesor LÍLEMUS

[Para Thierry y Nathalie Soules; Martine, Pierre, Louis y Nathalie Delmas; Tratra, Lolo, Patichou y Maryanne Louit, cuya hospitalidad ha sido siempre la verdadera Torre Eiffel de mis estancias francesas]

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