El hecho de no haber sucedido no convierte necesariamente una historia en falsa. Así funciona, por ejemplo, la literatura, que amasa ficciones y fantasías para transmitir verdades. Digo esto porque, según parece, la anécdota que voy a contaros nunca pasó, e incluso fue negada en sus memorias por el supuesto protagonista. Si a pesar de todo os la cuento es porque, no habiendo sucedido, es sin embargo verosímil, e ilustra a la perfección cómo se impuso en el mundo la concepción moderna de los servicios nacionales de correo postal.

Carta de 1840 sellada con el Penny black
Carta de 1840 sellada con el Penny Black

La cosa sucedió –o tal vez habría que decir que “insucedió”- en Escocia en el año 1835. Un conocido maestro y pedagogo inglés, llamado Rowland Hill (1795-1879), que viajaba por el país del cardo, se había detenido a descansar en una posada. En esto entró un empleado de correos con una carta para la mujer que atendía el establecimiento. Ella la recibió y la examinó, pero enseguida la devolvió al cartero, alegando que no podía pagarla.

En aquel tiempo anterior a la invención de los sellos de correos, el coste del servicio no lo abonaba el remitente, como se hace hoy en día. El importe exacto se calculaba en función de la distancia recorrida por el cartero y era cargado al destinatario, quien en realidad no estaba obligado a aceptar el envío. Este hecho daba lugar a toda clase de triquiñuelas, ya que el exterior de la carta se aprovechaba a menudo para transmitir información cifrada. Así pudo comprobarlo Hill cuando, compadecido de la posadera, pagó al cartero el importe del servicio. Para su sorpresa, la mujer dejó la carta sobre una mesa sin leerla. Al ser preguntada, explicó que no contenía ningún mensaje: este estaba implícito en la cubierta. Según parece, la familia de ella, que vivía lejos, le enviaba regularmente cartas en blanco, pero cuidando que cada línea de la dirección estuviera escrita por un miembro diferente. De esta manera, si aparecía la letra de todos, significaba que todos se encontraban bien, y así tenían noticias unos de otros sin pagar un penique.

Rowland Hill-retratoPara el año 1835, Rowland Hill ya había destacado en el campo de la enseñanza por sus propuestas reformadoras de la educación inglesa. Hill defendía una idea moderna de la disciplina escolar, basada en el trato cortés y la influencia moral del profesor, más que en el miedo y el castigo corporal. En sus escritos desarrolló conceptos tan modernos como la educación centrada en el alumno, el autoaprendizaje, la importancia de unas instalaciones escolares bien dotadas, o la enseñanza de las ciencias en un mundo acaparado por las letras. Hill pudo poner en práctica sus ideas en la famosa Hazelwood School, de Birmingham, creada por él mismo.

A partir de 1835 Hill empezó a interesarse también en los problemas del servicio postal, sumándose así a quienes sentían la necesidad de un correo barato y eficiente para una nación en pleno auge industrial y comercial. En 1837 puso por escrito su propuesta de reforma, que perseguía unificar y abaratar las tarifas mediante un servicio cuyo importe era proporcional al peso (un penique por cada media onza) y no a la distancia recorrida por el cartero. El otro punto crucial de la reforma era que el pago lo abonase el remitente y no el destinatario. Para certificar el pago proponía la venta de papel timbrado y de estampillas adhesivas.

sello-Penny black-1840Su propuesta fue aceptada por la Cámara de los Comunes y en 1840 se imprimieron los primeros sellos de un penique con la efigie de la reina Victoria. Se trataba del famosísimo Penny Black, diseñado por el propio Hill. Como puede entenderse fácilmente, la estampilla postal es en esencia una forma de prepago del servicio, y demuestra un conocimiento práctico de la naturaleza humana: en general las personas estamos más interesadas en dar noticias –y pagar por ello- que en recibirlas. Eso sin contar que impedía las trampas habituales en la época. Como era de esperar, los resultados de la reforma fueron asombrosos, aumentando inmediatamente el tráfico postal en todo el Imperio Británico.

Sello ChinaCon el tiempo, el uso de estampillas se extendió a los demás países. La Unión Postal Universal, creada en 1874, establece que en las de circulación internacional debe constar el nombre del país emisor en alfabeto latino. De esta obligación está exento el Reino Unido, por ser el primer país emisor. ¡Estos ingleses!

Rowland Hill-EstatuaSi alguna vez vais a Londres, tal vez queráis visitar la tumba del creador del sello de correos en la abadía de Westmister, o su estatua en plena King Edward Street, a doscientos cincuenta metros al norte de la catedral de San Pablo. Y tal vez entonces os gustará recordar la anécdota falsa y la triquiñuela auténtica que dieron origen al prepago en el servicio postal. Triquiñuela que me hace pensar en las “llamadas perdidas” de la moderna telefonía móvil. Solo que, en lugar del actual “hazme una perdida”, los británicos de la época practicaban el “escríbeme una perdida”.

Profesor LÍLEMUS

Si queréis saber cómo eran las cartas y sellos anteriores a aquella reforma, podéis leerlo en este mismo blog en la entrada LA CARTA SIGILOSA.

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