RESUMEN. Tendemos a pensar que la luna se ve por la noche y está oculta durante el día. Nada más lejos de la realidad. La luna pasa a lo largo del mes tantas horas sobre el horizonte como debajo de él, pero de día no solemos fijarnos en ella. Las fases de la luna dependen de su posición en la órbita que describe alrededor de la tierra, y por lo tanto cada una es visible a determinadas horas del día o la noche, en un ciclo que se repite mensualmente. Todo esto lo podréis aprender siguiendo el hilo de la bella canción “Notte di luna calante” de Domenico Modugno.


Luna sobre el marMe gusta conectar saberes, a ver si por este medio los consigo reducir. La palabra “saber” no debería usarse en plural. Los especialistas son solo un efecto secundario indeseado de la amplitud del único saber, que los antiguos llamaban apropiadamente “ciencia” (scientia viene de scire, ‘saber’) antes de que los modernos inventáramos la patraña esa de las ciencias y las letras.

Hoy comentaré desde el punto de vista astronómico una pieza musical que compuso e interpretó en 1960 uno de los grandes de la canzone italiana: Domenico Modugno. Mi intención es mostrar que en un texto escrito con intención poética los detalles no son casuales: están ahí para producir un efecto más o menos consciente en el lector o el oyente receptivo. El tema se titula “Notte di luna calante” (“Noche de luna menguante”) y os dejo a continuación su vídeo, letra y traducción:

Oh, che profumo di mare. Oh, piove argento dal cielo.
Notte di la luna calante, notte d’amore con te
lungo le spiagge deserte a piedi nudi con me.
Notte di luna d’estate, ultima notte d’amor.
Quando col vento l’autunno ritornerà,
nulla di noi resterà.

         Oh, qué aroma de mar. Oh, llueve plata del cielo.
         Noche de luna menguante, noche de amor contigo,
         descalza en mi compañía por las playas desiertas.
         Noche de luna de verano, última noche de amor.
         Cuando con el viento regrese el otoño,
         no quedará nada de nosotros.

La letra es breve e intensa, sin preparativos ni detalles accesorios. La energía de la voz puede hacernos olvidar que la canción es extraordinariamente lenta, y esta misma lentitud permite a las imágenes, que se suceden sin narración alguna, calar pausada y profundamente en la sensibilidad. A partir de dos apelaciones sensoriales al olfato (“qué aroma de mar”) y la vista (“llueve plata del cielo”), el autor nos sitúa en un lugar (frente al mar) y en una hora (la noche), bajo la lluvia de plata que cae de la Luna. Un romántico escenario para que dos enamorados paseen descalzos por las playas desiertas en una noche de amor.

Hasta aquí todo va bien, pero la parte final añade detalles nuevos y terribles: la Luna en el cielo preside la “ultima notte” de un veraneo que terminará al día siguiente. El verso final de esta difícil despedida está lleno de una especie de nostalgia anticipada: la conciencia dolorosa de que el viento del otoño barrerá los recuerdos vividos por ese breve “nosotros” que quedará disuelto sin remedio por obra de la distancia.

Y esto sería todo, si no fuera por un dato que se nos ha pasado por alto: la fase lunar elegida para la canción, detalle que no parece accesorio, ya que forma parte del título. Tal vez alguien quiera ver en la luna menguante un simple símbolo de ese amor a punto de desvanecerse, y hasta cierto punto no le faltará razón. Pero hay algo más: al elegir precisamente la fase menguante, el autor nos quiere dar una indicación de la hora en que sucede la escena.

28-Tierra vista desde el polo

Como puede que esto no resulte evidente, he creado dos imágenes que lo muestran. La primera de ellas debe ayudarnos a imaginar la Tierra como un enorme reloj de sol. Para simplificar las cosas, he elegido el día del equinoccio y he eliminado las horas de desfase con que los Estados modernos trampean el tiempo astronómico. Importa entender que nuestro planeta aparece visto por alguien que se encuentra en el espacio sobre el polo norte. Dado que la Tierra gira de oeste a este, el reloj se mueve en sentido antihorario, detalle que he querido destacar mediante la flecha blanca.

Así las cosas, alguien situado en la superficie terrestre parecerá subido a una manecilla imaginaria que recorre a lo largo del día cada una de las horas del reloj, según su posición relativa a la fuente fija de luz, que es el Sol. En la imagen, por ejemplo, los españoles se encuentran aproximadamente entre las 2:30 y las 3:00 de la tarde, y dentro de unas tres horas invadirán la zona de sombra y dejarán de ver el Sol. Dado que este se encuentra quieto en el centro del sistema solar, resulta visible a horario fijo: entre las horas del amanecer y el anochecer. Él es precisamente el punto de referencia de eso que llamamos “horas”.

Ahora bien, la Luna no es un punto fijo en el cielo: a lo largo de un mes da una vuelta completa a nuestro planeta, también en sentido antihorario. Y así, aunque cada día es visible durante aproximadamente la mitad de las horas, en cada punto de su órbita esta mitad no será la misma: su salida va retrasándose unos cincuenta minutos diarios, que es el resultado de dividir los 1.440 minutos que dura un día por los 29,5 días que por término medio emplea la Luna en completar una vuelta a la Tierra.

28-Fases luna

La segunda imagen trata de mostrar que, dada una fase lunar determinada, la hora de salida de la Luna es aproximadamente previsible. Para ejemplificar esta coincidencia de las fases de la Luna y las horas del día, vamos a fijarnos solo en los cuatro cuartos exactos, aunque naturalmente en las fases intermedias el horario de visibilidad será también intermedio.

-La luna nueva se da cuando la Luna está en conjunción con el Sol. Teóricamente sería visible desde el amanecer hasta el anochecer, pero su proximidad al astro rey nos impide verla.

-La luna llena se da cuando la Luna está en oposición al Sol. Al ocupar puntos diametralmente opuestos, nacerá al ponerse el Sol y se pondrá cuando este nace. Es, pues, visible durante toda la noche.

-Los cuartos creciente y menguante se dan cuando el Sol y la Luna forman un ángulo de 90 grados cuyo vértice es la Tierra. La Luna en cuarto creciente sale por el horizonte a mediodía, alcanza el meridiano al anochecer y se pone a medianoche, mientras que la Luna en cuarto menguante sale a medianoche, alcanza el meridiano al amanecer y se pone a mediodía. Este detalle podréis verlo con vuestros ojos hacia mediados de los próximos meses de septiembre, octubre, noviembre y diciembre, coincidiendo con la fase menguante.

Y es aquí donde quería yo llegar. Suponiendo que la luna menguante de la canción sea un cuarto exacto y haya trepado en el cielo lo suficiente como para provocar algo digno de la metáfora “lluvia de plata”, nos encontramos ya entrada la segunda mitad de la noche. Es, pues, una hora tardía: en su última noche de amor los amantes se resisten a separarse y siguen juntos cuando ya todos se han marchado. Por eso las playas están desiertas.

Quien ha escrito la canción parece familiarizado con estas correspondencias. En caso contrario, la palabra “calante” (‘menguante’) no aparecería en el texto. Ni mucho menos en el título, que al principio parecía lleno de romanticismo pero ahora se revela traspasado de dolor, de esa nostalgia anticipada que ya he mencionado. Y cuando la voz que canta la canción se levante tarde en la mañana, en medio de la somnolencia y la ronquera podrá ver la luna menguante poniéndose en el oeste, ya sin poder alguno, ni embrujo, ni lluvia de plata. Pero probablemente ni se fije en ella, envuelto como estará en la certeza de que la vida entera es también un bello, intenso y fugaz amor de verano, destinado a la separación por obra de la distancia. Solo que, en el caso de la vida, la distancia es infinita.

Profesor LÍLEMUS

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