A quienes frecuentáis en verano la generosa provincia de Cádiz no habrá dejado de sorprenderos la cantidad de municipios que llevan el apellido de la Frontera: Jerez de la Frontera, Chiclana de la Frontera, Vejer de la Frontera, Conil de la Frontera, Arcos de la Frontera, Jimena de la Frontera y Castellar de la Frontera, a los que hay que añadir, fuera de tierras gaditanas, Cortes de la Frontera (Málaga), Morón de la Frontera (Sevilla) y Aguilar de la Frontera (Córdoba). Diez en total.

Frontera-Ciudades de la Frontera de GranadaTal vez os hayáis preguntado también qué frontera es esta que se extiende en medio de la nada, o qué dos territorios puede separar semejante divisoria fantasma. Lo cierto es que si uno sitúa estos municipios en el mapa, no es difícil imaginarlos como una línea de puntos: empezando al sur en Vejer, la línea continuaría hacia el norte por Conil, Chiclana y Jerez, donde gira al noreste en dirección a Arcos, Morón y Aguilar. En cuanto a Castellar, Jimena y Cortes, parecen formar una segunda línea en forma de arco interno al primero. Como no quiero tener en ascuas a nadie, os adelanto que tales líneas de puntos coincidieron en distintos momentos de la baja Edad Media con la frontera que separaba el reino moro de Granada y los territorios castellanos.

La historia, someramente contada, es como sigue. En el marco de la reconquista cristiana de la península ibérica, el 16 de julio de 1212 un ejército formado principalmente por tropas de Castilla, Aragón y Navarra derrotó en la batalla de las Navas de Tolosa (Jaén) al ejército de la dinastía almohade, que por entonces gobernaba al-Ándalus. Este episodio abrió el camino del sur y favoreció la posterior conquista del valle del Guadalquivir por Fernando III el Santo, en cuyo reinado se unieron definitivamente los reinos de Castilla y León: Baeza fue tomada en 1227, Úbeda en 1233, Córdoba en 1236, Jaén en 1246, Carmona en 1247 y Sevilla en 1248.

Frontera-Reconquista

Viendo caer progresivamente en manos cristianas los reinos moros de Córdoba, Jaén, Sevilla y Murcia, un elemental sentido del peligro hizo que cundiera la alarma en los restantes reinos que sobrevivían al sur del Guadalquivir. Esta situación favoreció el ascenso de un interesante personaje: Mohamed ibn Nasr, conocido por el color de su barba como Alhamar (en árabe, ‘el rojo’), quien agrupó dichos territorios en los dominios del reino nazarí (o sea, nasrí) de Granada.

Frontera-Cuatro-Reinos-Andalucía

Este reino, fundado en 1238, se vio pronto forzado a convertirse en vasallo de Castilla, lo que le garantizó, a cambio del pago de tributos y el compromiso de ayuda militar, una tranquilidad relativa y un esplendor considerable, del que es símbolo la fabulosa fortaleza de la Alhambra (en árabe, ‘la roja’). Las fronteras de Granada, que abarcaba aproximadamente los territorios de las actuales provincias de Málaga, Granada y Almería, se mantuvieron estables –con los naturales vaivenes fronterizos debidos a conquistas y reconquistas de plazas y territorios- durante dos siglos y medio. Finalmente, en tiempos de la reina Isabel (la de verdad, no la segunda), la Guerra de Granada (1482-1492) llevó a la capitulación de su último rey, el famoso Boabdil, conocido como el Desdichado por los propios y el Chico por los ajenos.

Frontera-Rendicion-Granada

Y es esta historia la que explica nuestras enigmáticas líneas de puntos: en la primera de ellas, formada en el siglo XIII, Aguilar y Morón fueron tomadas en 1240, Jerez y Arcos en 1264, Conil en 1265 y Vejer en 1285, pasando todas ellas a ser limítrofes entre ambos reinos; la segunda línea es debida al avance cristiano durante el siglo XV con las conquistas de Jimena (1431), Castellar (1434) y Cortes (1485). En cuanto a Chiclana, antiguo asentamiento ya despoblado en aquella época, fue refundada como municipio en 1303, cuando el rey Fernando IV de Castilla entregó el territorio a Alonso Pérez de Guzmán (el famoso Guzmán el Bueno) con idea de reforzar aquella “delantera” de poblaciones. Todas ellas merecieron con propiedad el apelativo “de la Frontera” en algún momento de la historia, pasado el cual la historia quedó conservada en la nevera de la toponimia, como sucede con frecuencia.

No hay que olvidar que la palabra frontera es en origen un término militar, emparentado con frente. La voz latina frons (acusativo, frontem) designaba tanto la frente de la cara como la primera línea de batalla. Pasó al castellano como frente, que en su uso masculino (el frente) nombra la línea de territorio en que se enfrentan los ejércitos con cierta permanencia o duración. A esta misma familia pertenece también frontera.

Así que, si en estas vacaciones os encontráis en una terraza gaditana saboreando unas plácidas gambitas, dedicad un intenso minuto a considerar que estas fueron en otros tiempos tierras de frontera, a cuyas ciudades dieron los monarcas fueros y privilegios para favorecer su repoblación. Aquí vinieron nobles menguados en busca de honores y señoríos, y buscavidas de todo pelaje con esperanzas de comercio y botín; aquí se acogieron condenados por delitos de sangre, que podían redimir la pena sirviendo en fortalezas; aquí estuvo durante doscientos cincuenta años el límite europeo entre el cristianismo y el islam; aquí se sucedieron paces y escaramuzas, raptos y rescates, alianzas impensables e intercambios culturales, y el pueblo cantó bellos romances guerreros y novelescos hasta mucho tiempo después de la  rendición de Granada, cuando Boabdil tuvo que escuchar la frase más dura que ha salido de labios de una madre: “Llora como una mujer lo que no supiste defender como un hombre”. Qué manera de hundir al pobre Chico.

Frontera-Boabdil-Aixa

Y pensar que yo lo más terrible que escuché fue: “Y ahora, dos horitas de digestión antes de bañaros en la piscina”. La verdad es que hay madres y madres.

Profesor LÍLEMUS

(Para Ramón Alonso, a quien imagino saboreando esta entrada a la sombra de un porche gaditano con blanco y gambitas)

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