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Plata-AP-66Me consta que en agosto varios seguidores del blog vais a recorrer la Ruta de la Plata camino de diferentes destinos, así que he considerado oportuno dedicarle la segunda entrada del mes. Con este sugerente título se conoce la autovía A-66, que une Gijón y Sevilla, aunque en realidad su nombre sea resultado de una vieja confusión. Y es que el trazado actual coincide parcialmente con la antigua calzada romana que, naciendo en Mérida (Augusta Emerita), llegaba a Astorga. Resulta que los árabes españoles llamaron a esta calzada al-balat, que significa precisamente ‘el camino’ o ‘la vía’, pero ya a fines de la Edad Media el desconocimiento de tal etimología provocó su caprichosa transformación en la Plata, fonéticamente semejante. Y con el nombre de Vía de la Plata, ya atestiguado a principios del siglo XVI, ha permanecido hasta la construcción de la moderna autovía, aunque su historia nada tenga que ver con el comercio del argénteo metal.

Esta transformación contrasta con el mantenimiento de la denominación original en muchos lugares de nuestra toponimia, en la que abundan nombres como Albalá, Albalat, Albalate, Albalatillo, Albaladejo y Albadalejo. Todas las poblaciones que los llevan están situadas en las inmediaciones de antiguas vías de cierta importancia. Igual motivación tienen, por cierto, las numerosas que contienen el nombre de Viana (no solo la Viana navarra, sino también Viana de Cega, Viana de Duero y otras, emparentadas con el latín via) o el apodo del Camino (Valverde del Camino, Santa María des Camí).

Plata-Mapa de la ruta de la plataComo se ve, la tradicional Vía de la Plata no coincide en extensión con la actual Ruta, pues esta se extiende hasta Sevilla por el sur y Gijón por el norte. Tampoco coinciden totalmente en su recorrido, ya que, al llegar a Benavente, la Ruta da un quiebro a Astorga (extremo de la antigua vía romana) y toma el camino de León capital, desde donde se dirige a Oviedo y Gijón. Este dribbling ministerial ha sido el último desaire histórico que ha sufrido la ilustre ciudad de Astorga. Antiguo campamento militar romano desde tiempos del emperador Augusto (14 a.C.), cuando fue el lugar de acantonamiento de la Legio Decima Gemina, Astorga llegó a ser capital del Convento Jurídico Asturicense, uno de los siete en que quedó dividida la extensa provincia Tarraconense. El conventus abarcaba las tierras de los antiguos pueblos astures, y el nombre de su capital procede precisamente del topónimo romano Asturica Augusta. En aquel tiempo la ciudad controlaba las explotaciones auríferas del noroeste peninsular y fue un importante nudo de comunicaciones, mansio de nada menos que siete calzadas romanas. Al hablar de ella, Plinio el Viejo, que anduvo por allí en el año 73 de nuestra era, la llama urbs magnifica.

Plata-Escudo de LeónMal podían imaginar los astorganos de entonces que solo un año después nacería la que con el tiempo llegó a ser su gran rival: León. En efecto, en el 74 d.C. se estableció en el enclave de la futura León el campamento permanente de la Legio Septima Gemina. Este hecho explica su nombre, que es resultado del acusativo latino legionem, ‘legión’. Por motivos de evolución fonética, la –g- se perdió (de modo parecido a legere > leer o legalem > leal) y el nombre terminó coincidiendo con el resultado castellano de leonem, ‘león’. Esta coincidencia inspiró una falsa relación de la ciudad con la noble fiera, hasta el punto de que esta terminó campando en su escudo. Con la desaparición del sistema administrativo romano en tiempo de los visigodos, León empezó a ocupar el puesto hasta entonces preponderante de Astorga y, al crearse el reino de León, quedó convertida en su capital. Finalmente, la división provincial de España llevada a cabo en 1833 confirmó la capitalidad de provincia en la ciudad de León.

Plata-murallas de astorga

Y ahora, la transitada autovía A-66, al dejar a Astorga fuera de su trazado, ha vuelto a dar con la puerta de la historia en las narices de la ciudad, que parece condenada al segundo puesto en materia de preeminencia provincial. Un segundo puesto ciertamente curioso, ya que ni siquiera merece “la Plata”.

Profesor LÍLEMUS

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