Como podéis comprender, no recuerdo la inmensa mayoría de mis regalos de cumpleaños, pero hay uno que nunca olvidaré: el de mi decimoséptimo. Aquel día fui obsequiado con el “Breve diccionario etimológico” de Joan Corominas, una obra que más tarde he regalado en alguna ocasión y en innumerables he recomendado. Del estreno de aquel libro recuerdo incluso la primera palabra que me interesó; y la recuerdo con el afecto de las primeras veces, aunque en realidad se trata de una palabra terrible: asesino.

asesinos Hasan al-Sabbah

El artículo dedicado por Corominas a este sustantivo fue mi primera noticia de Hasán al-Sabbah, un curioso personaje que fundó a finales del siglo XI la secta de los Asesinos. Hasán vivió entre 1039 y 1124 en distintos lugares de Persia, que aún sigue siendo un nombre posible del actual Irán. En realidad, las fechas recién mencionadas no significaban nada para nuestro hombre, pues él había nacido en el año 430 de la era musulmana y había sido educado por su padre en la fe chií, mostrando desde la niñez gran interés por la religión.

Como sabéis, en las décadas posteriores a la muerte del profeta Mahoma (632 d.C.) se desató una larga disputa sobre quién debía ser su sucesor, lo que dio lugar a las tres ramas principales del Islam: los sunitas, el grupo abrumadoramente mayoritario, defienden que la cabeza del Islam corresponde por derecho a un miembro de la tribu de Quraish, de la que procedía Mahoma; los chiitas, partidarios de Alí -primo y yerno de Mahoma y, por lo tanto, padre de sus nietos- creen que el líder religioso musulmán debe ser un descendiente directo del profeta; para los jariyitas, en fin, es la propia comunidad de creyentes quien debe elegir al candidato más digno, sin consideración a su linaje. En el año 765 hubo a su vez una disputa sucesoria dentro del chiismo, del cual se desgajó la secta ismailita, que, tras conquistar Egipto, fundó en El Cairo la dinastía fatimí.

Hasán al-Sabbah, tras sucesivos contactos con misioneros de esta última corriente, fue alejándose progresivamente de la ortodoxia chiita hasta abrazar con entusiasmo el ismailismo, donde no tardó en alcanzar una posición importante. Durante veinte años hizo viajes misioneros por Oriente Próximo, en los que hizo nuevos adeptos a la secta con idea de fundar una comunidad permanente y fuertemente defendida. La búsqueda de un lugar adecuado para tal comunidad, a salvo de las persecuciones, le llevó a apoderarse en 1090 de la fortaleza de Alamut, al sur del mar Caspio. Desde allí conquistó más castillos y construyó otros nuevos.

asesino alamut

Pero en 1094 murió el califa fatimí de El Cairo, al-Mustansir, cabeza del ismailismo, y estalló una guerra de sucesión entre sus hijos al-Mustalí y al-Nizar. Aunque la mayoría de los ismailitas tomó partido por el primero, los seguidores de Hasán al-Sabbah siguieron a Nizar, por lo que en lo sucesivo pasaron a llamarse nizaríes. A las órdenes de su líder, formaron un grupo famoso por su fanatismo y temido por su ferocidad, que practicaba el crimen político para asegurar su supervivencia y lograr su expansión.

asesino-El_ultimo_de_GibraltarEdificada en una cima de la cordillera de montes Elburz, Alamut quedó como el símbolo del poder nizarí. El propio Hasán al-Sabbah fue llamado por sus hombres Sheij al-Yabal, algo así como el Viejo de la Montaña. Como ya sabéis que los nombres me fascinan casi tanto como las realidades, os diré que de sheij viene nuestra palabra jeque, que en árabe significa ‘anciano’ pero suele aplicarse en el sentido de ‘venerable’. En cuanto a la montaña, obviamente hace referencia a Alamut. Ese yabal arábigo -cuyo sonido inicial no tiene equivalente en español, pero se parece a la g inglesa de gin– ha dejado numerosas huellas en nuestra toponimia. La más famosa es Gibraltar, del árabe Yabal Tariq, ‘el monte de Tarik’, nombre que recuerda al caudillo árabe que en el año 92 de su era (nuestro 711) desembarcó en el peñón, dando comienzo a la conquista musulmana de la península ibérica. En la provincia de Huelva encontramos Gibraleón, de Yabal al-uyun (‘monte de las fuentes’) y en la ciudad de Málaga la elevación de Gibralfaro (‘monte del faro’). Murcia tiene un municipio llamado Javalí, de al-Yabalayyin, ‘los montaraces’ (o sea, el equivalente del topónimo castellano Montesinos) y Teruel un Jabaloyas, ‘monte de hoyas’ (el equivalente de Montoya).

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Pero me estoy yendo por las ramas sin explicar eso de la secta de los Asesinos. Resulta que los hombres de Hasán al-Sabbah eran conocidos por sus enemigos como los Hashashin, palabra árabe que sorprendentemente significa ‘los adictos al hachís’, ya que era fama que el Viejo de la Montaña enardecía a sus tropas con una bebida narcótica hecha a base de hojas de cáñamo (cannabis sativa). Una vez olvidada su etimología árabe, y dado que el grupo practicaba con soltura el crimen y la venganza política, la palabra asesino adoptó su significado moderno.

Irónicamente, la primera documentación castellana de la voz asesino es de 1256. Justo en aquel año, unos 130 después de la muerte del Viejo, la inexpugnable fortaleza de Alamut fue finalmente conquistada y reducida a sus cimientos por invasores mongoles, de modo que la obra escrita y el legado espiritual de la comunidad quedaron destruidos.

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Ruinas de  Alamut en la actualidad 

Esta etimología ha dado origen a una leyenda según la cual Alamut era escenario de toda clase de excesos narcóticos y placeres carnales, y cuando los hombres despertaban de aquellos jolgorios, estaban dispuestos a embarcarse en las empresas más peligrosas con tal de regresar después a semejante paraíso.

asesinos Hassansabbah2Es difícil saber cuánto hay de cierto en ello, porque casi todo lo que sabemos de nuestro hombre nos ha llegado a través de sus enemigos. Parece que, como líder militar, Hasán fue astuto, escurridizo y poderoso; como líder religioso, los actuales ismailitas hablan de su gran producción intelectual y su carácter austero y pío. La vida en Alamut y en las demás fortalezas nizaríes era de gran ascetismo y rigidez. No es pequeño detalle que Hasán mandase dar muerte a sus propios hijos: el mayor fue ajusticiado tras una falsa acusación de estar involucrado en la muerte de un misionero del Islam; al menor lo mandó ejecutar por quebrantar el precepto islámico de abstenerse de bebidas alcohólicas.

Imaginad por un momento que sois el cabecilla de una facción fanática, sangrienta y minoritaria (los nizaríes) dentro de una secta también minoritaria (los ismailitas) desgajada de una rama a su vez minoritaria (los chiitas) dentro del Islam. O sea, representáis la heterodoxia de la heterodoxia de la heterodoxia. Imaginad además que vuestra literatura y documentación propias han sido destruidas por bárbaros invasores extranjeros. ¿Qué esperanza tendríais de que vuestra figura y legado fuesen recibidos ecuánimemente por la posteridad? Así las cosas, no sería de extrañar que el nombre de vuestros fieles seguidores acabase designando el delito de homicidio cuando se adorna de premeditación, alevosía, precio, ensañamiento o crueldad. Lo cual no deja de ser una forma de “asesinato” historiográfico, bastante cruel, por cierto. Pero así somos los hombres, Hasán. Tú tendrías que saberlo mejor que nadie.

Profesor LÍLEMUS

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