Poco sé del escritor Carlos Alfaro, pero poco importa: un autor se presenta a través de sus escritos. Baste con recordar que es autor de novelas y que se ha dedicado con éxito al género del microrrelato.

minilibro-2El microrrelato es una de las extravagancias de la modernidad y ha tenido un desarrollo fenomenal en las últimas décadas, aunque hay precedentes muy ancianos. En este género el autor se propone contar una historia completa con una extensión sumamente reducida. Lo de la extensión, como suele suceder en los géneros narrativos, es impreciso: puede ir desde quince o veinte líneas hasta una sola. Y lo de que la historia sea completa es aún más impreciso, porque en el microrrelato todo es tan sucinto, que la parte reservada al lector es especialmente amplia y necesaria. Suele pensarse que un chiste se echa a perder si está mal contado, pero igualmente se malogra si es mal escuchado: las reacciones del oyente van inflando la historia hasta el estallido final. Aquí pasa lo mismo.

boxeoYo, de hecho, suelo imaginar el microrrelato como un cuadrilátero de boxeo donde el escritor y el lector se la juegan a un solo round, sin que valgan cálculos ni tanteos iniciales. Cada uno espera del otro entrega y entusiasmo desde el primer momento, aunque el lector sospeche que el combate no va a resolverse a los puntos, y que en el momento menos pensado se encontrará con un increíble gancho de izquierda que lo dejará maravillosamente noqueado. Y digo “maravillosamente” porque la literatura es un juego en que el jugador desea ser burlado y vencido.

Así que ahí estáis bajo los focos en pleno ring, frente a un superligero pero musculoso microrrelato de 287 palabras de peso, tomado del libro “Lecciones de cosas” (1983) de Carlos Alfaro y titulado…


EL CRIMEN DE CADA DÍA

Alguien, no viste quién, abrió la puerta, y saliste con toda la vitalidad con que te fue posible hacerlo, pensando que la libertad estaba enfrente y que te daban por fin la posibilidad de disfrutarla. Obviamente, no la encontraste: contra lo que esperabas, solo hallaste un lugar más espacioso, paredes infranqueables, y varios hombres a los que hasta entonces jamás habías visto, con la crueldad dispuesta y el más feroz de los sadismos preparado. Después, fueron quince minutos, veinte tal vez, de auténtico martirio, en los que tuviste ocasión de conocer sobre tu cuerpo la violencia, y supiste del terrible extremo a que es capaz de llegar en su brutalidad el hombre, de forma arbitraria y sin razón alguna que además lo justifique. Quizá, es probable, te preguntaste por qué lo hacían, cuál era la auténtica razón de que te torturaran de ese modo, o quizá, quién sabe, no llegaste a preguntarte nada, pues, como ellos decían, ni sufrir podías, y pensar era una función para la que solo ellos estaban capacitados. Después, cuando se cansaron, viste que uno de ellos, el más cruel posiblemente, se paraba frente a ti con su arma preparada, y tuviste la impresión de que el momento del fin estaba próximo. No dudaste: esperanzado, te arrancaste contra él con las pocas fuerzas de que disponías, y respiraste tranquilo al sentir en tu cuerpo la llegada de la muerte, el borbotón de sangre que, viniéndote de muy dentro, te inundó de golpe las fauces, desbordando generoso la glotis y la garganta. Después, no sentiste más, caíste al suelo como un fardo, y un clamor unánime atronó el ruedo, pidiendo, con rara y terrible unanimidad, que te cortaran las dos orejas y el rabo.

Carlos Alfaro


The InfoVisual.info site uses images to explain objects.Y hasta aquí llega la literatura, ese ser vivo que nace para ser objeto de disfrute, y no de análisis ni disección, aunque a veces los profesores nos empeñemos en demostrar lo contrario. Así que ya está: podéis volver a vuestras tareas. Ahora bien, tal vez alguno quiera releer el cuento y reflexionar sobre la variedad de engaños a los que, igual que un toro, ha entrado sin recelo. No voy a extenderme en el análisis, que bien sabréis hacer vosotros como buenos relectores. Solo un apunte: ¿os habéis fijado en que el cuento está curiosamente narrado en segunda persona?

La segunda persona narrativa es otra de las extravagancias de la modernidad. Desde pequeños nos hemos acostumbrado a leer relatos escritos en tercera persona, y otros en que uno de los personajes toma la palabra y narra la historia en primera persona, desde su punto de vista. Pero aquí ha sido diferente: desde la primera línea el narrador ha dirigido sus palabras al personaje (“alguien, no viste quién…”), cediéndole el punto de vista de la narración. Esto nos ha hecho imaginarlo como un destinatario posible y natural del discurso; también como un sujeto de percepciones y sentimientos. Para cuando hemos comprendido que se trataba de un animal, ya era demasiado tarde. Y, al mismo tiempo, la intención de denuncia que hay en el cuento se ha cumplido plenamente por este medio.

Pero que conste que estas consideraciones son charlatanerías de torero que comenta un lance ya concluido, a toro pasado. La experiencia del lector en la literatura es otra cosa: es destino de toro y no de torero; consiste en salir al ruedo y arremeter con todas las fuerzas para resultar maravillosamente burlado y vencido.

Profesor LÍLEMUS

Torero

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