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atomo 2Cuando un libro es demasiado voluminoso, se puede volver manejable dividiéndolo en tomos, palabra griega que significa ‘trozo cortado’ o ‘porción’, de la misma familia que τομή (tomé), ‘corte’. Esto explica que en medicina el nombre de las operaciones que consisten en una incisión termine en –tomía (traqueotomía, laringotomía, mastectomía). Seguramente relacionaréis estas palabras también con el átomo, que es la cantidad menor de un elemento químico que tiene existencia propia. El átomo se llama así porque los físicos de toda la vida lo consideraron ‘indivisible’, hasta que los alumnos modernos de los físicos de toda la vida decidieron llevarles la contraria y lo dividieron. Esto avala una tesis que siempre he defendido: la tendencia de los alumnos a llevar la contraria a sus profesores es uno de los motores principales del progreso. Naturalmente provoca también algunos desaguisados, pero en esencia evita el adormilamiento en las certezas académicas.

El verbo griego que significa ‘cortar’ es τέμνω (temno), de la misma raíz. Os lo creáis o no, es este el origen de la palabra latina templum (originariamente temlum), que en un primer momento no significó ‘templo’, sino genéricamente ‘corte’ y, más específicamente, ‘lugar acotado’ o ‘recinto’. Para entender por qué se llamó a los templos con la palabra que significa ‘corte’, os invito a hacer un viaje a la Roma clásica, donde asistiremos al curiosísimo rito de los augurios.

Los romanos, pueblo sumamente supersticioso y formalista en materia de religión, tenían la costumbre de consultar a los dioses cada decisión que tomaban, muy especialmente aquellas que afectaban a la marcha del Estado. Y como no solo se creían el ombligo del mundo, sino que además lo eran, esperaban de los dioses una respuesta inmediata. El modo ordinario de obtenerla era la toma de los augurios, tarea encomendada a los miembros del colegio de los augures, quienes consultaban la voluntad divina escrutando el vuelo de las aves en busca de señales de buen agüero.

augur2Imaginemos que un magistrado romano ha encargado al augur que pregunte a los dioses, por ejemplo, si es oportuno votar cierta ley al día siguiente. Para ello, el augur, portando en la mano el bastón augural o lituus, sale al aire libre a medianoche y se orienta. Orientarse nunca ha sido tarea difícil: basta con ponerse mirando hacia el oriente, que es el lugar por donde cada mañana sale el sol. Una vez situado correctamente, tampoco es difícil para el augur trazar con el bastón en el cielo dos líneas imaginarias: una de norte a sur (el cardo) y otra de este a oeste (el decumanus). El cielo queda así mágicamente dividido en cuatro regiones o sectores, por uno de los cuales aparecerán volando las primeras aves.

secanteMe habéis oído decir sectores, ¿verdad? Nuestro sector procede del latín secare, que también significa ‘cortar’, lo cual explica que llamemos secante a la ‘recta que corta una circunferencia’, que secta sea el nombre de una ‘doctrina religiosa o ideológica que se separa de otra’, o que segar sea lo mismo que ‘cortar mieses o hierba’. De su derivado resecare viene nuestro rasgar, y de otro derivado (disecare) viene disección, que es la división en partes de un animal con el fin de estudiarlo convenientemente y poner perdido el laboratorio de Ciencias Naturales.

Lo curioso es que el nombre que los romanos daban a cada uno de los cuatro sectores en que el augur divide el cielo es precisamente caelum, palabra que terminará significando ‘cielo’, pero que nació con el sentido genérico de ‘corte’. En efecto, su forma originaria (caedlum) viene de caedere, ‘cortar’, ‘matar’. De su derivado incidere tenemos en castellano otra palabra que significa ‘corte’: incisión. Y también el nombre de las piezas dentales que usamos para cortar los alimentos: los incisivos.

Pero caelum no era la única palabra posible para nombrar los cuatro sectores del cielo: existe también templum, que como ya sabemos es sinónimo de caelum, pues ambos significan ‘corte’. Como supongo que a estas alturas ya he agotado vuestra capacidad de sorpresa, a nadie le extrañará que esta palabra forme parte del verbo latino contemplare, originariamente ‘mirar el cielo en busca de agüeros’. Por cierto, algo parecido a lo que significó considerare (formado sobre sidera, ‘estrellas’), es decir, ‘mirar el firmamento en busca de agüeros’. Los aficionados al fútbol ya se habrán dado cuenta de que es justo eso lo que hace cada verano con más o menos éxito Florentino Pérez: buscar Agüeros entre las estrellas. Un tipo muy considerado, el Floren.

templumAhora se entenderá cómo templum pasó a designar un edificio de culto y oración. El augur precisa de un espacio sagrado dentro del cual celebrar sus ritos. Para ello, traza en el suelo con el lituus, esta vez físicamente, la proyección de las dos líneas antes mencionadas: una de norte a sur y otra de este a oeste, más otras dos paralelas a ellas, de modo que el terreno sobre el que se encuentra quedará delimitado por el dibujo de un rectángulo. Ese recinto sagrado también recibirá el nombre de templum, y cuando más adelante se construyan edificaciones expresamente ideadas para celebrar los ritos, el nombre se conservará igual: templo. Estos edificios quedaban consagrados también mediante el rito de los augurios, es decir, eran inaugurados.

Una vez hechos todos estos preparativos, el augur se orienta hacia el sur, donde se supone situados a los dioses, quienes van a dar su respuesta nada menos que enviando aves. Si las aves llegan volando desde el oeste, que es la derecha del augur pero la izquierda de los dioses, significa que estos deniegan el permiso solicitado: las aves han resultado ser pajarracos de mal agüero y la cosa ni pinta bien ni augura nada bueno. La palabra latina sinister (‘izquierdo’), quedará para siempre marcada con el significado de ‘funesto’, ‘infeliz’, en una palabra, siniestro. Si, por contra, las aves llegan volando desde el este, que es la diestra de los dioses, el augurio es favorable: los dioses dan su divino permiso para celebrar la votación.

augures

Lo cual es para el magistrado un auténtico alivio. En caso contrario, tendría que explicar ante la asamblea del pueblo que la ley no se va a votar porque no ha sido capaz de arrancar de los dioses una respuesta positiva. Vaya corte.

Profesor LÍLEMUS

(Dedicado a Güili, generoso guitarrista, que me confesó haber terminado el bachillerato “envenenado” por la afición etimológica)

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