Las palabras son increíbles. Parecen tener vida propia. Infatigables empleadas, aceptan obedientemente las tareas, hasta que de pronto se aburren, cansadas de la rutina, y olvidando deberes y ataduras, cambian de forma, de significado, de designación. Despliegan unas alas insospechadas, levantan el vuelo, y se posan donde les da la gana. Saltan de rama en rama, de un concepto a otro, de un idioma a otro, como impulsadas por un capricho aventurero. Considerada en su conjunto, la lengua se vuelve así una bandada imprevisible y viajera. Considerada en su historia, la lengua parece estar siempre olvidándose a sí misma a través de tormentas secretas y rumbos inesperados. Pues bien, la recuperación de esta memoria olvidadiza es precisamente la labor del etimólogo, y el conocimiento de tales secretos pone a su disposición toda clase de trucos de magia.

Así que hoy quiero invitaros a participar en un juego de prestidigitación etimológica. Voy a tomar un mazo de palabras, las voy a barajar y las moveré velozmente en las manos ante vuestros ojos, de modo que queden sorprendentemente emparejadas palabras que nunca se nos ocurriría asociar. ¿Listos?

Empiezo sacando del mazo la palabra latina pondus (genitivo, ponderis), que en nuestra lengua madre significó literalmente ‘peso’, y figuradamente ‘importancia, influencia, autoridad’. Eso explica el verbo ponderar. Una persona ponderada actúa con tacto y prudencia, mide las palabras, sopesa los pros y los contras. Dentro de la misma familia de palabras, cuando un país o un grupo social es de más peso o importancia que otros, decimos que tiene preponderancia.

Mantengo la carta bien a la vista, y de pronto, ¡hop!, se ha transformado en el nombre de la moneda británica: pound. Lo cual no debe extrañarnos, porque peso es el de la moneda mejicana y su diminutivo peseta lo fue de la española.

Lira¿Y cómo llamamos en español a la moneda británica? Libra, palabra que en latín significaba ‘peso’ o ‘balanza’, y que ha designado desde la Antigüedad la unidad básica para medir pesos: la libra. No perdáis de vista este naipe porque, donde ahora lo veis, de pronto vais a ver el nombre de la antigua moneda italiana: la lira, cuyo origen, como veis, nada tiene que ver con el instrumento musical. ¡Otra moneda que lleva el nombre de peso!

A alguno ya le habrá venido a la mente la constelación zodiacal de Libra, ¿verdad? Es esta una agrupación estelar poco llamativa, con tres estrellas principales (Zubenelgenubi, Zubeneshamali y Zubenhakrabi) en medio de otras de menor magnitud. En las representaciones clásicas, estas ocupaban los platos y el fiel de una balanza.

¿Y qué pasa con la balanza propiamente dicha? Etimológicamente, recibe este nombre por el hecho de tener ‘dos platillos’, lo que en latín se dice bilancia, con el prefijo bi- que significa ‘dos’. Por cierto -y este truco es mi preferido-, ¿os habéis fijado en que, cuando ambos platillos coinciden en el mismo plano horizontal, se dice que han alcanzado el equi-librio (‘igual peso’)?

Llegamos al más difícil todavía. En latín clásico el diminutivo de libra es libella (‘pequeña balanza’). Si le añadimos un segundo sufijo diminutivo (como en la serie chico > chiquito > chiquitín) nos queda… ¡libellula!, porque, a diferencia del vuelo más o menos desordenado de otros insectos, las libélulas son capaces de volar en equilibrio, manteniendo en el aire una figura horizontal que recuerda a los platos de la balanza. Como además no pueden plegar las alas sobre el abdomen, estas permanecen siempre a la vista, incluso después de disecadas.

Libelula-2

El latín vulgar creó un segundo diminutivo para libra: libellum, palabra que dio lugar al antiguo francés livel. Ahora doy un toquecito a la palabra y… ¡ya está! Ha saltado hasta la lengua inglesa, donde level, como adjetivo, significa ‘plano, horizontal’ (a level ground, ‘un terreno llano’) y es también sinónimo de equal (a level match, ‘un partido equilibrado’).

nivel-2

¿Puede un naipe aparecer en dos sitios a la vez? Comprobémoslo. Si sois tan amables de buscar en vuestros propios bolsillos, vais a encontrar la misma palabra transformada en nuestro nivel, que, aparte de ‘altura’, significa el ‘instrumento de albañilería que sirve para medir la horizontalidad de una superficie’. Como podéis ver, le ha nacido una n que no estaba en el original, pero ya sabéis que en los juegos de manos a menudo el naipe aparece marcado.

Muchas gracias, respetable público. Un aplauso para las palabras, que son verdaderamente increíbles.

Profesor LÍLEMUS

(Dedicado a don Santiago Segura Munguía, recientemente fallecido, en cuyos libros de texto de la editorial Anaya habréis estudiado el latín muchos de vosotros. En sus clases de la Universidad de Deusto solía recrearse con maestría y mucha gracia en parecidos juegos de prestidigitación)

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