GUIÓN DE UNA CLASE SOBRE LA CONNOTACIÓN

Hoy vamos a considerar una de las realidades más misteriosas que esconde el lenguaje humano: la connotación. Pensemos en nosotros mismos. Después de años dedicados a aprender el vocabulario de nuestra lengua para poder llamar a cada cosa por su nombre, un día caemos en la cuenta de que en la vida diaria las palabras no siempre significan lo que habíamos aprendido que significaban (eso que los lingüistas llaman las DENOTACIONES). Así, protestamos contra el pesado de turno con un “¡Sí, ya me lo has contado cien veces!”, dando a “cien” un sentido muy distinto al que tiene en aquel “diez por diez, cien” que aprendimos en las queridas tablas de multiplicar. Las cien veces seguramente han sido solo tres o cuatro, pero ese “cien” sirve muy bien para transmitir ocasionalmente el sentido de “demasiadas”, para expresar nuestra impaciencia y para poner al pesado en su sitio, al menos por el momento, que para eso es un pesado. Y es que en el lenguaje humano no todo son significados literales, de esos que salen en el diccionario; a menudo usamos las palabras de modo subjetivo, obligándolas a significar por asociaciones personales de ideas. A estos significados personales, subjetivos, los llamamos CONNOTACIONES. Pues bien, este fenómeno, que en la conversación cotidiana sucede ocasionalmente, se convierte en regla general en el ámbito de la literatura.

PRIMERO, ESCUCHAR

Hoy os invito a comprobarlo a través del poema “LA HUELLA DEL CARIÑO”, del argentino Leopoldo Marechal, que nos habla en su poema del amor, pero no de un amor de cualquier clase. El amor al que él aspira es tan especial, que los significados convencionales de las palabras solo podrían expresarlo de un modo banal, ineficaz y seguramente rebuscado. Así que para lograrlo decide tomar el “atajo poético”: la connotación.

Leopoldo Marechal

Leopoldo Marechal (1900-1970)

Si me permitís un consejo, escuchad el poema en la versión musical compuesta por el genial Juan Carlos “Tata” Cedrón, de cuya interpretación os dejo un vídeo.

Vuestra primera tarea consiste en escucharla sosegadamente, de modo que las imágenes vayan calando con pausa en la sensibilidad. Para seguir el texto, tened en cuenta que “hollar” significa ‘pisar’, y “pagos” es lo mismo que ‘lugares’. La letra dice:

     El árbol del cariño, tiene dos flores,
     yo busco la de plata, no la de cobre.
     El árbol del cariño, tiene dos frutas,
     yo busco la de sangre, no la de azúcar.

     Y a la huella del aire huella mi vida,
     yo no soy de estos pagos, yo soy de arriba.

     El árbol del cariño, tiene dos hojas,
     yo no busco la fácil, busco la otra.
     El árbol del cariño, tiene ramitas
     con la flor en las frutas, y las hojitas.

LUEGO, IMAGINAR

Si ya la habéis paladeado, estáis listos para la segunda tarea, esa que hace posible la creación y la recepción de la literatura: imaginar, es decir, crear imágenes en la mente. En concreto, se trata de encontrar con la imaginación despierta asociaciones de ideas para las palabras clave que expresan el tema: PLATA, COBRE, SANGRE, AZÚCAR, AIRE, DE ARRIBA, DE ESTOS PAGOS. Comprobaréis que son precisamente tales palabras, con toda su carga de imágenes asociadas, las que permiten al poeta decir lo que quiere decir.

POR ÚLTIMO, COMPRENDER

Ahora ya solo queda redactar vuestras conclusiones. La dificultad de ponerlas por escrito os obligará a seleccionar el vocabulario, y sobre todo a pensar bien para escribir bien. Si pudieseis comparar las de unos y otros, comprobaríais seguramente que son diferentes y solo coinciden en lo esencial, pero esa es precisamente la gracia de la líquida literatura: adopta, como el agua, la forma de su recipiente.

Probablemente habéis entendido, cada uno a vuestra manera, que el poeta no busca un amor cualquiera, corriente, vulgar (de cobre) sino un amor especial, deslumbrante, valioso (de plata). Esta clase de amor no se alcanza fácilmente (la fácil, única palabra clave del texto que significa denotativamente), no es mero entretenimiento ni diversión, ni consiste simplemente en dulzuras ni bellas palabras (de azúcar). Es un amor apasionado, fuerte, en el que no están descartadas las dificultades y hasta el dolor (de sangre). Y todo ello hace de este amor algo sublime (de arriba) que eleva al amante (mi vida huella a la huella del aire) y lo hace pertenecer a una clase especial de hombres que no es frecuente en el mundo (no soy de estos pagos).

Bueno, pues estos significados, o lo que quiera que hayáis entendido, han llegado a vuestra sensibilidad de un modo realmente misterioso: a través de las connotaciones de ciertas palabras. Sin tirar solo de diccionario, sino sobre todo de ASOCIACIONES DE IDEAS.

Y POR FIN, DISFRUTAR

Pero uno no debe quedarse nunca en el simple análisis: si analizamos es para comprender, y si nos esforzamos en comprender es para disfrutar más plenamente la obra literaria. Así que ya estáis volviendo al poema de Marechal (o a la canción del Tata) a comprobar que ahora sois más capaces de apreciarlos en lo que valen. Todo lo demás es palabrería.

Profesor LÍLEMUS

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